La calle está caliente, aunque siempre ha habido clases

23 de noviembre de 2021

Mientras las protestas contra la situación económica crecen y crecen hay sectores laborales que siguen anclados en la comodidad de los despachos y las comodidades, como si el problema no fuese contra ellos, lo cual de alguna manera es cierto.

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En efecto, en la mañana de ayer lunes, mientras los huelguistas del metal de Cádiz se esforzaban por mantener sus piquetes y demostrar la fuerza de la lucha de clases, en Madrid los acomodados sindicalistas de CC OO del automóvil llegaban en esplendidos autocares a la concentración del Paseo de La Castellana, se ponían sus chalecos “especiales manifestación” para que se les viese viene en las fotos de la manifestación y ¡ale¡ a gritar y explotar cohetes en las puertas del Ministerio de Industria para hacerse notar de propios y extraños.

Luego un paseíto y a por el aperitivito por la zona, acerarse hasta las obras del Bernabéu y misión cumplida.
La diferencia es notable, pero ahí está. La industria auxiliar del metal, los camioneros, los agricultores o la policía se tienen que sacar las castañas del fuego sin que las generosas subvenciones de Diaz a los sindicatos les echen una mano.

El señoritismo ha llegado a los sindicatos para quedarse y su dependencia económica de los PGE, y no de las cuotas de sus afiliados, prácticamente inexistentes en estos momentos, les permite una vida saneada a los que llegan a ese paraíso laboral. La izquierda es lo que tiene, en cuanto llega al poder se ocupa de las amistades y soluciona sus problemas económicos con todo tipo de ayudas y subvenciones. De esa manera, cuando pierden el gobierno esos mismos que, verán menguar sus ingresos, serán los que les ayuden a recuperarlo para, a su vez, volver a disfrutar de las gabelas del poder.

Todo un ciclo vital de la vida política española

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