Puigdemont quiere saber de BBVA y se lleva un revolcón de Enria

11 de enero de 2022

Puigdemont utiliza el pretexto de la oferta pública de adquisición de acciones (OPA) sobre Garanti para pedir al Banco Central Europeo (BCE) que vigile al BBVA ante sus conexiones con Cataluña. Tras la carta remitida en diciembre junto a los eurodiputados Comín y Ponsatí, el expresidente de la Generalitat ha forzado a Enria, presidente del consejo supervisor del organismo monetario, a tomar partido por primera vez sobre una operación que fue lanzada el pasado mes de noviembre y de la que todavía no se había pronunciado en público.

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La preocupación del dirigente independentista se cierne sobre el riesgo que supone que una entidad, con alta presencia en Cataluña tras integrar Banca Catalana, CatalunyaCaixa y Unnim, incremente su exposición a un país como Turquía, donde reina el régimen político de Recep Tayyip Erdoğan, quien considera muy poco las recomendaciones del Banco Central y cree que los tipos de interés generan inflación. En la misiva preguntó cómo el supervisor evalúa esta operación dado el contexto económico del país y teniendo en cuenta además las preocupaciones que ha mostrado en alguna ocasión el BCE sobre la presencia de la banca española al país otomano debido a la devaluación de la lira.
En su respuesta, Enria se escuda inicialmente en que cualquier obligación de información frente al Parlamento Europeo está sujeta a los requisitos de secreto profesional. No obstante, toma algunas palabras del consejero delegado y del presidente de BBVA, Onur Genç y Carlos Torres, para posicionarse en el asunto, indicando que los activos totales y la exposición ponderada por riesgo a Garanti del grupo BBVA en una base consolidada no cambiaría "materialmente", dado que consolida a su filial en sus estados financieros por el método de integración global.
Enria también ha hecho hincapié en el proceso supervisor en curso, en virtud del cual evalúa constantemente los riesgos a los que están o podrían estar expuestas las entidades bajo su paraguas y a las que se les aplica un examen más profundo, sobre todo en los negocios en los que muestran una alta volatilidad e incertidumbre y que podría cambiar el perfil del BBVA al completo. Según la contestación, desde Fráncfort se entablan conversaciones al detalle con los bancos para asegurarse de que tienen plena conciencia de los riesgos a los que están expuestos y para confirmar que han establecido mecanismos adecuados de control y gestión de riesgos.

Y no se olvida de nombrar a los superpoderes del BCE, aunque ya de un modo generalizado y no individual. Sus investigaciones le permiten garantizar que las entidades financieras mantengan unos niveles adecuados de capital y liquidez, así como las reservas necesarias para gestionar cualquier turbulencia. Si lo considera conveniente, siempre puede sacar su 'varita' para castigar e imponer medidas específicas caso a caso, según la recomendación de Pilar 2. La inquietud de Puigdemont y sus colegas independentistas por conocer la opinión del BCE no es una cuestión baladí. BBVA se ha ido erigiendo durante los últimos años en uno de los principales brazos financieros armados de Cataluña. Su apuesta por el mercado catalán se inició cuando aún todavía era BBV, allá por la década de los ochenta. Fue entonces cuando se hizo con una mayoría del capital de Banca Catalana, cuyo cofundador fue Jordi Pujol, también expresidente de la Generalitat.
Desde ese momento fueron pasando los años y el grupo vasco ha continuado mostrando su firme compromiso con ganar peso en la región. Las cajas de Manlleu, Caixa Sabadell y Caixa Terrassa que formaron Unnim Banc fueron también integradas. Poco después hizo lo mismo con Catalunya Banc, creado por Caixa d'Estalvis de Catalunya, Tarragona y Manresa. Los lazos no solo quedan ahí y se tornan incluso familiares. A finales del pasado 2021, el hijo del primer ejecutivo de BBVA contrajo matrimonio con la hija del Grupo Sumarroca, un conglomerado catalán con vínculos nacionalistas y cuya familia deberá comparecer ante la Audiencia Nacional para declarar por el caso Pujol. De nuevo en el panorama financiero, no es desdeñable el intento por negociar una fusión con Banco Sabadell en noviembre de 2020. La relación se truncó y finalmente tuvieron que anunciar que rompían las conversaciones, pero la cúpula de BBVA aún no ha dado un portazo pleno a intentarlo en un nuevo asalto. La entidad catalana, en cambio, es más reacia a retomar el análisis, aunque este nuevo mandato de seguir en solitario, es solo hasta que se complete el plan estratégico, que terminará de ejecutarse el próximo año, en 2023. Se da la circunstancia de que este breve proyecto comandado por González-Bueno terminará cuando todavía quede un ejercicio más para que BBVA complete el suyo (2021-2024), en el que debe buscar oportunidades para el excedente de capital del que dispone tras la venta de su filial estadounidense.

Mientras tanto, a una parte de ese dinero que recibió ya le ha buscado un sentido no compartido por todo el mercado. BBVA puso sobre la mesa 25.700 millones de liras y estimó en 2.250 millones de euros el coste máximo de la OPA sobre su filial Garanti si todos los accionistas minoritarios venden sus acciones. No en vano, el desembolso potencial no para de reducirse a medida que la lira turca sufre nuevos desplomes.

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