La dependencia europea de Rusia: una cuestión primaria

12 de abril de 2022

La importancia de Rusia como exportador mundial de petróleo, gas natural y otras materias primas será la principal vía por la que se filtrará el impacto económico de la guerra de Ucrania, junto con la incertidumbre y un nuevo frente abierto en unas ya tensionadas cadenas de valor globales.

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El estallido del conflicto bélico entre Ucrania y Rusia, además del coste en vidas humanas, también comportará un coste en términos económicos. La importancia de Rusia como exportador mundial de petróleo, gas natural y otras materias primas será la principal vía por la que se filtrará el impacto económico más allá de las fronteras de los dos países en guerra. En este sentido, los precios del Brent y del gas se incrementaron más de un 20% y un 50%, respectivamente, en el primer mes del conflicto.1
El incremento de la incertidumbre y un nuevo frente abierto en unas ya tensionadas cadenas de valor globales serán otros dos canales relevantes de impacto macroeconómico. Un impacto que será asimétrico por regiones, con una clara incidencia sobre las economías europeas, como consecuencia de los vínculos más estrechos que nos unen con ambos países.

Los precios de algunos alimentos (por ejemplo, cereales) o de los fertilizantes también han aumentado desde el inicio del conflicto. No obstante, su impacto económico no es equiparable al del encarecimiento de la energía para las economías desarrolladas.

Europa y las importaciones rusas
Las exportaciones de bienes y servicios rusas en el mundo se sitúan en torno al 2% del total (0,2% el de Ucrania). Sin embargo, en el caso de la UE-27, las importaciones de Rusia representan el 7% de las importaciones brutas de bienes y servicios.2 Pero mientras hay países donde la vincu­­lación vía importaciones es muy elevada, como es el caso de Bulgaria (algo por encima del 20% del total de importaciones), Finlandia (cerca del 10%) o los países bálticos (entre un 8% y un 17%), en otros, los lazos comerciales son muy débiles, como en Irlanda (0,7%) o España (1,0%).3 Por su parte, Alemania, Francia e Italia, las tres mayores economías de la UE-27, se situarían en un rango medio-bajo si nos circunscribimos al peso de las importaciones rusas en el total de sus importaciones (entre el 2% y el 3,5%, véanse las cifras agregadas de la primera tabla).

Usamos datos de OECD TiVA (Trade in Value Added) en su más reciente actualización (noviembre de 2021) para las importaciones, donde el último año es 2018. La ventaja de usar estos datos es que permiten un análisis más ajustado del verdadero origen de los bienes y servicios que llegan, se consumen y se exportan en un determinado país. En este punto del artículo usamos las importaciones brutas según de donde nos llegan (un análisis más clásico), pero más adelante explotaremos la complejidad de los datos TiVA para determinar el origen inicial de los productos que se emplean en todos los procesos productivos y que se consumen en un país. 3. Se trata del porcentaje de importaciones rusas de bienes y servicios en el total de importaciones de bienes y servicios. Esta cifra puede variar significativamente con cambios en el precio de los bienes energéticos. Para el caso de España, esta ha aumentado significativamente en 2021, según datos de Datacomex.

Importaciones brutas procedentes de Rusia
Aunque estas cifras agregadas pueden resultar, a primera vista, relativamente tranquilizadoras para las grandes economías europeas, es evidente que es necesario un examen más detenido. Al fin y al cabo, Rusia es el segundo exportador mundial de petróleo (con un 11% del total) y el primer exportador de gas natural (25%), siendo Europa su principal mercado de venta. Si miramos al detalle sectorial de las importaciones europeas, Rusia destaca como socio comercial en el sector de la minería y en las manufacturas del coque y derivados del petróleo refinado, donde representan el 21% y el 42%, respectivamente, del total de las importaciones de la UE-27 en dichos sectores (véase el detalle sectorial de la primera tabla). Esta elevada dependencia de ciertas importaciones rusas se observa también en los grandes países de la Unión, como Alemania, Francia o Italia, con porcentajes de entre el 13% y el 20% en el sector de la minería y de entre el 15% y el 24% en los refinados del petróleo. Asimismo, Rusia también parece tener un papel relevante como proveedor europeo de metales, así como de servicios de electricidad, gas y agua (utilities en inglés) en aquellos países con los que comparte frontera (por ejemplo, en Letonia el 60% de lo que se importa de utilities procede de Rusia).

El origen ruso de la demanda final europea
En un segundo examen más detallado, explotamos la riqueza de las tablas input-output internacionales de la OCDE (TiVA, del inglés Trade in Value Added), que permiten valorar adecuadamente el origen de los bienes y servicios que se consumen en un determinado país (ya sea para producción o consumo interno o para exportar), puesto que trazan las «idas y venidas» de los inputs intermedios a lo largo de todo el proceso productivo. Así, por ejemplo, si importamos un bien de un determinado país, pero la mayor parte de dicho bien se ha producido en un tercer país, las importaciones en términos brutos no reflejan la relevancia de este tercer país, pero sí la reflejan las tablas TiVA.

Así pues, en esta sección nos centramos en la demanda final de los distintos países europeos y, haciendo uso de las TiVA, contabilizamos la relevancia del valor añadido por Rusia en dicha demanda final. En términos agregados y a pesar de tener en cuenta todo el trazado de los bienes y servicios rusos, estos no representan una parte muy relevante de la demanda final de los países de la UE-27, apenas un 1%. Una cifra mucho menor que cuando analizábamos las importaciones brutas, puesto que la demanda final contiene mu­­chos más servicios, la mayoría de los cuales no son co­­merciables (es decir, se producen y consumen de manera interna).

Valor añadido originado en Rusia en la demanda final

En el detalle por países, observamos cómo en los países bálticos o Bulgaria estos bienes y servicios rusos (o valor añadido ruso) suponen un mayor porcentaje en el total de la demanda final, aunque discreto, mientras que en las grandes economías europeas representan mucho menos. No obstante, cuando miramos la desagregación sectorial, de nuevo, es evidente la relevancia de los productos energéticos rusos en un gran número de países de la región europea. Así, por ejemplo, en Alemania, un 17% de la demanda final de productos del sector de la minería procede de Rusia y un 19% de los refinados de petróleo son rusos. En España, el país de la UE en el que las importaciones de Rusia pesan menos en la demanda final, un 11% de la demanda final del sector de minería se satisface desde Rusia.

Este paralelismo entre lo que nos muestran las cifras de importaciones brutas y el análisis mediante las TiVA a nivel sectorial se debe, precisamente, a la especialización de Rusia en la exportación de materias primas, en particular, de energía. Buena parte de lo que los países europeos importan directamente de Rusia se consume en el propio país, puesto que algunos de los principales usos del petróleo y del gas natural son, precisamente, el transporte (por ejemplo, el coche particular), la generación de electricidad o el uso residencial para calentar nuestros hogares. Por otro lado, el peso de Rusia en el sector energético conlleva una «huella» importante en muchos productos, principalmente en algunos sectores manufactureros, con cadenas de producción integradas que van cruzando fronteras hasta el consumidor final.

Desvinculación de Rusia a corto y medio plazo

En definitiva, la relevancia de Rusia en el mercado de la energía global, y en el consumo energético de la UE, en particular, dificulta una desvinculación económica rápida con el país. Para hacer frente a esta situación, la Comisión Europea ha propuesto un nuevo Plan energético (REPower­­EU) para disminuir la dependencia de la región a la energía fósil rusa, empezando por el gas natural. De hecho, uno de los primeros objetivos es el de sustituir dos terceras partes del gas importado de Rusia en los próximos 12 meses. Se trata de una aspiración muy ambiciosa. Así, por ejemplo, un reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía estimaba como factible a corto plazo una posible reducción de una tercera parte con medidas como un aumento en las importaciones vía gaseoducto de Noruega o Azerbaiyán, el incremento de importaciones de gas natural licuado, la aceleración de proyectos en energías renovables (solar y eólica) o la reactivación de algunos reactores nucleares que se han cerrado en los últimos años.4 En este sentido, hace pocos días la UE y EE. UU. acordaron aumentar el suministro de gas estadounidense.

Pero, más allá de las dificultades de encontrar sustitutos a los productos de Rusia a muy corto plazo, a medio plazo, el desacople económico con el país es más viable. Dentro del Green Deal europeo, ya hay planeadas abultadas inversiones para reducir el uso en la UE de fuentes energéticas fósiles. Asimismo, ya desde la anexión de Crimea en 2014 se observa una disminución en la vinculación con Rusia de los países europeos, como consecuencia, en parte, de las sanciones establecidas desde ese momento.

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