Enchufes

10 de septiembre de 2016

La oposición ha exigido que el ministro de Economía explique en el Congreso por qué envió al señor Soria al Banco Mundial utilizando un solo dedo. La misma oposición que ha hecho siempre lo mismo: aplicar el nepotismo más descarado a cada nombramiento que ha realizado.

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Claman al cielo contra el señorito Soria los socialistas, que instalaron en la ONU con salarios opíparos a mujeres sin ninguna preparación. La Junta de Andalucía es su Eurodisney de parientes y amigos que viven juntos en armonía laboral allí. La Asamblea de Madrid es la Arcadia feliz de dos sagas de trabajadores formadas por tres familiares cada una.
 
La palabra nepotismo procede en nuestro diccionario de la raíz latina de sobrino y significa preferencia por los parientes para las concesiones o empleos públicos. Así lo han entendido en Ahora Madrid. El equipo de Gobierno municipal ha refutado el tópico conservador según el cual la izquierda está contra la familia: casi todos los familiares de los miembros del Ayuntamiento trabajan felizmente en él o han sido ascendidos recientemente. En cuanto a sagas, los Pujol son el modelo aquí, con los siete hijos imputados. Cuando Josep no lo estaba, muchos nos indignamos y pensamos en exigir que se le aplicase una prueba de paternidad.
En el uso de la calle, nepotismo también significa favorecer a personas no consanguíneas, como los amigos. Es el deporte nacional aquí y los partidos lo practican unidos, en un ejemplar ejercicio de concordia. Los políticos son los que más enchufan y la política es en sí misma un enchufe gigantesco, una estructura completa de influencias y recomendaciones. Está poblada por trepas que no muestran más habilidad que la de subir por las fachadas agarrándose a la hiedra.
 
 Cuando llegas a la actividad pública, nadie se preocupa porque no seas emprendedor, artista o creativo publicitario. Ni siquiera mínimamente inteligente. De hecho, se entiende que has llamado a esa puerta precisamente porque no sabías hacer ni malabares con solo dos bolos en los semáforos. Para ser justos, sí eres capaz de hacer dos cosas: articular genuflexiones ante el líder y reforzar aplausos parlamentarios al final de sus discursos. Tengo ganas de ver en la tele a un diputado que no aplaude porque no le gusta lo que acaba de decir su jefe de filas, que es afásico. Para optar a ser orador profesional es necesario que hables peor que el líder, aunque este naciese tartamudo, no vayas a dejarlo en evidencia un día. Las conferencias de prensa en las sedes de los partidos muestran siempre que los números dos y tres son todavía más grises que el cabeza de cartel. Por eso están ahí: son el resultado de un riguroso proceso de selección de badulaques. A partir de aquí, y desde el secretario general hacia abajo, todos enchufados. Ministros, secretarios de Estado y asesores. Llevo doce años intentando averiguar qué es un asesor y solamente he conseguido saber que es un tipo que siempre tiene listo un par de rodilleras.
 
El enchufe es estructural, jerárquico y cancerígeno
Olvidemos el “y tú más”. Que los socialistas hagan los mismos chanchullos que los conservadores no le quita gravedad al asunto. Tampoco es consuelo que el mismo día coincidan la nueva entrega del culebrón Soria, la comparecencia sobre cuñadismo del señor Rato y lo de la nómina mágica de la empresa pública Imelsa, que pagaba al amigo aunque no fuese a trabajar. De nada sirve la muy española alienación de la ética con la que los del Partido Popular responden “y vosotros más, acordaos de Bibiana y Leire”.
Lo único importante es que el enchufe es la principal variedad española de corrupción.
 
Estructural, porque lo ocupa todo. Jerárquico, porque el troyano que llega arriba enchufa al resto de la pirámide laboral, como ha hecho el señor Soria. Por último es cancerígeno, porque nos hace perder competitividad, ya que ha eliminado los principios de mérito y capacidad. En el sector privado ocurre algo similar. Cada vez que nos hablan de un tipo muy bien situado, respondemos “¡Hala, menudo enchufe tendrá!”. Cuando nos quedamos en paro, llamamos a los amigos. El nepotismo nos hace más aduladores: si mi selección es la decisión subjetiva de un tipo y no consecuencia de mi currículo, en lugar de estudiar inglés aprendo a ponerme más deprisa las rodilleras.
Las oposiciones se diseñaron para dar acceso justo al empleo, pero paradójicamente sirven para que muchos no vuelvan a trabajar una vez pasado el examen. Muchos las han aprobado honradamente, pero esos que repiten “yo hice una oposición” suelen olvidar que la noche anterior les filtraron las preguntas. Sindicatos y empresas se reparten de antemano a los designados en algunas compañías públicas. Si enchufas a media familia, no ligues luego dentro de la empresa: correrías riesgo de consanguineidad
 

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