Un proyecto "ecogastro", con demasiados puntos negro

06 de agosto de 2021

Dónde sólo quedaban las ruinas de una casa salinera con una nave anexa que amenazaba con desplomarse, los restos de un molino de mareas del siglo XVIII y un sucio lodazal con basura y chatarra acumulada después de cincuenta años de abandono, hoy se alzan en el corazón de las salinas de Roqueta y Preciosa, en la zona conocida como Santibáñez, dos edificaciones bajas, blancas de cal, que alojan Marambay.

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Hasta ahí, una descripción perfecta del proyecto de saneamiento de una zona absolutamente abandonada a las afueras de Cádiz aprovechando esa cercanía para crear un espacio natural que a su vez fuese en gran medida el sostén de un restaurante amplia y cómodamente instalado del que en principio cuando llegas. Incluso te enamoras, la idea en si y su realización, aparentemente resulta idílica

Los dos edificios se levantan junto a un estero completamente recuperado donde se crian doradas, lubinas, camarones y hasta langostinos, para degustar en el restaurante dotado de amplísimas terrazas con sus correspondientes vistas a la Bahia  gaditana 
El entorno salinero, una vez limpio hasta una profundidad de cuarenta centímetros y debidamente renaturalizado con plantas autóctonas, proporcionará esos brotes de salicornia y esos espárragos amargueros tan apreciados hoy, además de macroalgas con las que acompañar los frutos del estero y microalgas para cosméticos y otros usos. Y más adelante, en la protegida playita contigua se podrán practicar deportes náuticos sin motor en unas condiciones ideales para los principiantes y los más pequeños, además de otras actividades relacionadas con la interpretación de una forma de vida ya perdida, la de las salinas y los esteros de la Bahía de Cádiz, que en su momento de mayor esplendor generó empleo y riqueza en armonía con el medio natural.

Todo eso será Marambay, un centro de ocio ambiental que con muchísimos esfuerzos y trabas ha conseguido poner en pie el ingeniero isleño Héctor Bouzo a partir de que adquiriese por 10.000 euros más de 40 hectáreas de terrenos abandonados durante medio siglo. Todo eso llevara su tiempo y su esfuerzo pero el inicio gastronómico presenta lagunas importantes que todo el que lo vista experimenta. La recepción es correcta, pero cuando uno llega a la mesa debe tener una paciencia, especialmente notable y hacerse a la idea de que va a estar contemplando la Bahía un tiempo mas que razonable. En nuestro caso ese tiempo se prolongo casi  durante tres horas. Tras indicarnos la mesa, esperamos unos veinte minutos en poder pedir los aperitivos, que llegaron a su destino un cuarto de hora después.  Pero hasta que nos pidieron la comanda pasaron tres cuartos de hora y unos veinte minutos después llegaban los primeros platos. Los segundos aparecieron media hora mas tarde y luego ya nunca mas se supo. Ni postres ni cafés fueron tan siquiera ofrecidos.

Evidentemente, cuando uno llega a esta parte de nuestra geografía se toma las cosas con calma, pero la profesionalidad tiene que brillar en un proyecto de estas características que en el fondo trata de ser un emblema de la nueva manera de hacer gastronomía sostenible, cuidando incluso hasta su producción.
Por lo que se refiere a la carta  es una carta relativamente amplia en la que encuentras, básicamente productos de la tierra  almorejo, jamón, chicharrón, caballa, tortitas de camarones, choco, rabo de toro, etc..
Por aquello de probar pedimos algunos platos representativos; ensaladilla de gambas, chicharon de atún, salmorejo de fresa, cousccous con encurtido y pistachos. De los cuatro, uno la ensaladilla de gambas era una falsa ensaladilla, puesto que solo tenía unas patatas, unas pocas gambas y mucha mahonesa, probablemente de bote por su ligero sabor acido. El salmorejo de fresa demasiado suave y el chicharrón, quizá un punto seco. El couscous digno, aunque la limón mata gran parte del resto de sabores. 
Los segundos mejoraron algo la situación, las croquetas de rabo de toro eran cremosas y suaves. los huevos fritos con patatas y jamón no estaban mal, las tortitas de camarones en su punto, aunque algo aceitosas, quizá porque el papel que adorna la caja en la que viene no absorbe lo suficiente, las minibrochetas de cerdo muy secas y la hamburguesa un poco de salir del paso.

La carta de vino no existe o no nos la ofrecieron, pero  el apartado bebidas resulta caro en el conjunto de la cuenta, aunque quizá, ahí este una parte  importante del beneficio del local

Y lo dicho de cafes y postres poco que hablar, porque conseguir tomar un café con hielo costo levantarse de la mesa tres veces y acudir perplejo a los camareros para lograrlo.

MARAMBAY
CA-33 Salida Torregorda, 11100, 
Cádiz · ~25,3 km
648 786 298
www.marambay.com

 

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