La pandemia, su gestión y sus consecuencia para las aseguradoras

27 de marzo de 2022

En diciembre de 2019 la Organización Mundial de la Salud (OMS) recibió los primeros datos sobre una neumonía desconocida que estaba afectando a un grupo de personas en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei (República Popular China), causada por un coronavirus de tipo 2 al que se denominó SARS-CoV-2, que provocaba un síndrome respiratorio agudo severo.

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El 30 de enero de 2020, la OMS declaró el brote de esta nueva enfermedad infecciosa (designada como Covid-19) como una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII) y el 11 de marzo de 2020, tras confirmar sus altos niveles de propagación, la OMS declara la pandemia mundial.
La expansión de la primera ola pandémica provocada por la variante original del SARS CoV-2 se produjo con rapidez en un mundo altamente interconectado, llegando a colapsar muchos sistemas sanitarios en todo el orbe y a no poder atender en algunos momentos puntuales a la totalidad de las personas infectadas que requerían asistencia sanitaria urgente para sobrevivir. La primera vacuna eficaz contra el SARS-CoV-2 (la “BNT162b2 de Pfizer-BioNTech”) se incluiría el 31 de diciembre de 2020 en la Lista de Uso de Emergencia de la OMS, y desde la aparición del síndrome respiratorio agudo severo las medidas de distanciamiento social y las distintas vacunas que han ido surgiendo han sido elementos claves para mitigar los efectos del virus en la salud pública, así como sus consecuencias económicas y sociales.


Con datos a 14 de marzo de 2022, el número de casos en el mundo superaban los 456 millones, con 6 millones de personas declaradas fallecidas por Covid-19, lo que representaba un porcentaje del 1,3% del total de casos diagnosticados. Sin embargo, tanto elnúmero de casos diagnosticados como el de fallecimientos por Covid-19 reales son desconocidos, dados los límites en la capacidad de diagnóstico y porque muchos de ellos no han sido declarados. Los últimos estudios publicados estiman que, en un escenario medio, el número de fallecimientos real se podría situar en torno a tres veces el número de fallecimientos declarados, lo que representa un exceso de mortalidad en torno a 120 personas por cada 100.000 habitantes y elevaría el número de fallecidos a nivel
mundial a consecuencia de la pandemia por encima de 18 millones de personas durante los dos primeros años desde la aparición del
virus.
Tras la irrupción de la variante original, sin embargo, comenzaron a aparecer nuevas variantes del virus SARS-CoV-2, destacando
las calificadas por la OMS como variantes de preocupación y dentro de ellas a efectos de los excesos de mortalidad las variantes Alpha,Delta y Ómicron.

 

El  estudio se centra en el comportamiento de la mortalidad durante los dos primeros años de pandemia (2020 y 2021), y gira sobre un concepto central de los excesos de mortalidad observados frente a la situación pre-pandémica, en lo que sería un entorno “normal” desde el punto de vista epidemiológico. El cálculo se realiza con tres niveles de agregación (anual, trimestral y mensual), transformando los datos de muertes por semanas epidemiológicas a meses, trimestres y años naturales con el fin de facilitar la comparativa..

Una visión internacional de los excesos de mortalidad

El informe profundiza en el análisis de los excesos de mortalidad observados durante los años 2020 y 2021 para un total de 39 países y propone un indicador cuyo objeto consiste en valorar el grado de eficacia de las medidas adoptadas por estos países en la gestión de la pandemia. Se trata de un indicador sintético designado como “Indicador de Eficacia en la Gestión de la Pandemia (IEGP)”, construido a partir de 5 índices parciales bajo el racional de que los países que tuvieron menores excesos de mortalidad, una mejor recuperación económica en 2021 frente a la caída de 2020, una mayor capacidad sanitaria instalada para responder a la atención de la población frente a la emergencia sanitaria, que han logrado mayores avances para alcanzar una pauta de vacunación completa de su población y que mantuvieron menores niveles de restricción a las actividades económicas y al contacto social, debieran ser los que, en conjunto, tuvieron una mejor gestión de la pandemia.


El mayor nivel de eficacia en la gestión de la pandemia conforme al IEGP corresponde a Corea del Sur, seguido de Noruega y Nueva Ze landa. Destacan también Islandia, Dinamarca y Japón (cuyo sistema sanitario se encuentra calificado entre los mejores del mundo). En el polo opuesto, entre los países con menor calificación se encuentran México, Colombia, Bulgaria, Rusia y Brasil, todos ellos con débiles sistemas sanitarios. Destacan, asimismo, los altos excesos de mortalidad de México, los mayores de toda la muestra, pero también los de Colombia, en una pandemia que ha golpeado especialmente a la región de América Latina que, a pesar de la debilidad de sus sistemas de salud, ha realizado un gran esfuerzo a la hora de vacunar a su población, como pone de relieve ese indicador parcial en la mayor parte de los países de la región que figuran en la lista, destacando especialmente
el caso de Chile.
Por otro lado, con base en los excesos de mortalidad calculados, se presenta un análisis de las correlaciones que pueden encontrarse entre los excesos de mortalidad y una serie de variables estructurales y coyunturales que pueden tener un vínculo causal sobre el comportamiento de los excesos de mortalidad en los años de la pandemia. Las correlaciones encontradas entre los excesos de mortalidad observados y el nivel de eficacia de los sistemas sanitarios y con el nivel de renta per cápita son muy altas, y vienen a explicar un 64,3% y un 71,2% de las diferencias, respectivamente, en la muestra de países analizados.


Es de destacar que cuando se mide la correlación de los excesos de mortalidad con el grado de eficacia de los sistemas sanitarios
en las primeras fases de la pandemia, la correlación encontrada es sustancialmente inferior, lo cual es un reflejo de la naturaleza
catastrófica de las pandemias, un evento ante el cual los sistemas sanitarios se desbordan rápidamente al no estar preparados para ello.
No obstante, si se toma un período más amplio, el disponer de sistemas sanitarios eficaces cobra gran importancia, de manera que los países con sistemas más débiles sufren mucho más las consecuencias de las olas pandémicas. Por tanto, disponer de sistemas sanitarios robustos es fundamental para reducir los excesos de mortalidad, pero también lo es el disponer de sistemas de alertas tempranas y sistemas de información con datos compartidos a nivel global para poder adoptar con prontitud otro tipo de medidas en las primeras fases de la expansión de la pandemia, algo sobre lo que se han producido muchos avances a raíz de esta gran crisis mundial.

Efectos sobre la actividad aseguradora

La crisis provocada por la pandemia ha tenido consecuencias significativas que han afectado al volumen de negocio asegurador y a su rentabilidad. Este impacto puede identificarse a partir de sus efectos económicos, financieros, legales (relacionados, entre otros aspectos, con las cláusulas de exclusión en los contratos de coberturas en situaciones de pandemia), sobre los sistemas sanitarios y sobre los parámetros técnico-actuariales por el impacto en las variables biométricas que pueden afectar a la esperanza de vida de la población mundial. Con relación a estos últimos, salvo que aparezca alguna mutación del virus que cambie la senda actual de la mortalidad y morbilidad (algo que no parece que vaya a suceder pero que tampoco se puede descartar), la tendencia pareciera ser a la mejoría teniendo en cuenta, además, que el mundo ha avanzado mucho en este terreno y está mejor preparado para hacer frente a un evento de esta naturaleza.
Paralelamente, los esfuerzos realizados por las entidades aseguradoras para mantenerse operativas durante los confinamientos han motivado la aceleración de los procesos de digitalización, lo que evitó que la suscripción del negocio asegurador y la atención a sus clientes se vieran paralizadas, y que ha motivado el avance de muchos de los planes de
inversión en medios y perfiles tecnológicos.
Por otro lado, a pesar del aumento de la incertidumbre, la mayor sensibilidad y aversión al riesgo por parte de los agentes económicos provocados por la pandemia se ha constituido
en un estímulo adicional en la demanda de aseguramiento por parte de hogares y empresa
Las perspectivas para los mercados aseguradores en los próximos años vendrán marcadas, en buena medida, por los efectos económicos y financieros que persistan derivados de la pandemia, dependiendo también de los que se deriven de los eventos entre Rusia y Ucrania
.

 

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