Fraternidad-Muprespa publica su Guía de Buenas Prácticas 

29 de junio de 2021

Al contrario que la salud física, sobre la cual existe una cultura social de cuidado muy consolidada, no se debe desdeñar el cuidado de la salud emocional y psicológica dado el aumento de las bajas médicas relacionadas con factores psicosociales, más durante los meses en que la pandemia ha azotado con fuerza a la población en general y a la población trabajadora. 

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Detectarlos para evitarlos es básico y se logra gracias a la evaluación de riesgos psicosociales (EVRP), una herramienta que permite realizar el diagnóstico psicosocial dentro de una organización, para establecer actuaciones de mejora adecuadas a los riesgos detectados y al entorno en el que éstas deban ser llevadas a cabo. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo los define como “aquellos que hacen referencia a las condiciones que se encuentran presentes en una situación laboral y que están directamente relacionadas con la organización, el contenido del trabajo y la realización de la tarea, y que tienen capacidad para afectar tanto al bienestar o a la salud del trabajador como al desarrollo del trabajo”.

Una de las mayores dificultades que se encuentran a la hora de trabajar y evaluar los riesgos psicosociales, es entender la verdadera importancia que tienen en las organizaciones, y cómo afecta esto a medio y largo plazo. La causa principal es la falta de información y formación al respecto, no solo para el personal de seguridad y salud, sino para cualquier persona que forme parte de una organización. Aunque se nos supone familiarizados con conceptos como fatiga, estrés y las múltiples consecuencias que ocasionan, la guía recomienda no solo poner soluciones, sino anticiparnos a su llegada.
Por otro lado, históricamente se ha concedido escasa importancia a la psicosociología como una de las patas de la seguridad y salud en el trabajo. A pesar de ser la rama más humana y abstracta por su definición y composición, no por ello es menos importante.

Las pautas reflejadas en la guía ayudan a sensibilizar, tanto a empresarios como a trabajadores, sobre la importancia de estos riesgos: identificar los pasos básicos a la hora de llevar a cabo una EVRP, dotar de herramientas para una adecuada autodetección, analizar su representatividad en los distintos sectores y fomentar el desarrollo de hábitos saludables y buenas prácticas en el ámbito psicosocial.
Aunque no siempre podamos anticiparnos a las consecuencias, el impacto disminuirá a medida que va en aumento el aprendizaje y práctica en la intervención psicosocial, tanto a nivel organizativo como individual.

Todas las guías de buenas prácticas repiten una misma estructura ágil y accesible. Nuestros mutualistas tienen acceso online a ellas desde el portal Previene a través del Aula Prevención.

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