Lejos de replicar su exitoso modelo londinense, el restaurante ha desarrollado una personalidad propia adaptada al ritmo, los gustos y los ingredientes del mercado español.
El proyecto, fundado por el chef japonés Taiji Maruyama, está liderado en Madrid por Rafael Rosas, cocinero con más de dos décadas de experiencia y una sólida trayectoria en la alta cocina japonesa. Juntos han diseñado una carta que une tradición y contemporaneidad a través de una premisa clara: intervenir solo cuando la técnica mejora la expresión natural del ingrediente.
Uno de los pilares de TAKA es la maduración de pescados y carnes, un proceso controlado que potencia el sabor, el umami y la textura de materias primas seleccionadas. Esta técnica alcanza especial relevancia en la barra de sushi, donde sashimis y nigiris se elaboran al momento con productos que varían según la temporada.
La otra gran seña de identidad del restaurante es la cocina a la brasa, trabajada con madera de naranjo andaluz. Pescados, carnes y verduras pasan por el fuego para ganar profundidad y matices ahumados sin perder protagonismo.
Entre los platos que mejor representan esta filosofía destacan el sushi de pescado madurado, el collar de atún a la leña, el bol de arroz con chu-toro madurado y yema de huevo y la croqueta de bacalao negro, una reinterpretación japonesa de uno de los grandes clásicos españoles. Junto a estas propuestas conviven referencias históricas de la casa como el popular Wagyu Sando, llegado directamente desde Londres.
Más allá de la cocina, TAKA mantiene otro de los pilares que le han dado reconocimiento internacional: el omotenashi, la hospitalidad japonesa entendida como una atención cercana, intuitiva y personalizada.
Con una carta en constante evolución marcada por la estacionalidad, TAKA busca convertirse en un restaurante al que regresar con frecuencia, ya sea para disfrutar de su barra de sushi, descubrir nuevos productos madurados o compartir platos elaborados al fuego. Una propuesta que comienza a escribir su propia historia en Madrid sin renunciar a la esencia que lo convirtió en un referente gastronómico en Londres.

