¿Por qué las contraseñas tienen los días contados?

26 de septiembre de 2021

El uso de la biometría o la Inteligencia Artificial sustituye las tradicionales contraseñas para acceder a aplicaciones bancarias o métodos de pago, asi, las nuevas formas de acceso personal a estas aplicaciones son más seguras y evitan que los usuarios deban recordar un sinfín de contraseñas, ayudando también a la inclusión financiera digital

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Las contraseñas tienen los días contados ya que la inseguridad en torno a ellas ha puesto en jaque su fiabilidad. Si nos centramos en la seguridad, los principales problemas en el uso de claves son los siguientes: generalmente, los usuarios emplean claves o pines débiles y repetitivos para diferentes aplicaciones, bancarias o no. Considerando esto, los atacantes buscan pares de nombre de usuario/contraseña de un sitio, y luego intentan reutilizarlos en sitios más lucrativos. Y ya no es suficiente con usar claves combinadas (letras, números y símbolos), ya que según el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), del Departamento de Comercio de Estados Unidos, se trata de una práctica obsoleta que se debería abandonar por la reiteración de uso en otros accesos. Y no hay que dejar de lado que el olvido de las claves es otro problema para los usuarios. En base a ello, las entidades financieras están recurriendo a la biometría y al aprendizaje automático como una vía de autentificación más segura, sencilla y rápida para sus usuarios.
  
 El uso de nuevas tecnologías más seguras se basa en desarrollos principalmente de base biométrica, es decir, distintas autenticaciones usando rasgos únicos de cada usuario, ya sea la huella digital, la identificación facial, la voz, etc. En definitiva, utilizando características que son únicas de cada individuo y que, asociadas con otros mecanismos como la tokenización generan una combinación imbatible en materia de seguridad. La seguridad que se obtiene con el uso de la biometría, combinada con otros mecanismos, es el principal beneficio frente al uso de contraseñas convencionales. Pero, además de ser una solución más segura, es más rápida y fácil de usar.
A diferencia de otros sistemas de seguridad, la biometría tiene la capacidad de adaptarse a distintos factores de uso o identificadores, como modelos fisiológicos y de comportamiento; cada uno con un propio abanico de opciones a elección de cada institución financiera. En cuanto a los rasgos biológicos, se usan características físicas o morfológicas de un individuo como huellas dactilares, forma de la mano, patrón de venas, ojos, entre otros.

Si bien no existe un mecanismo que garantice 100% la disminución del riesgo al crimen cibernético, la multiplicidad de mecanismos de seguridad informática aumenta las probabilidades de combatir estas situaciones y brindar a los clientes mayor seguridad y confianza en el desarrollo de sus transacciones.
Por esto es tan importante la combinación de soluciones como la biometría con otras como la tokenización, es decir, el mecanismo mediante el cual se reemplazan los datos y la información más sensible del titular de una tarjeta o medio de pago por un “token” aleatorio que cambiará constantemente siempre que el usuario realice una transacción.
Esta combinación de soluciones otorga importantes beneficios para los usuarios ya que supone un sistema de alta seguridad al tratarse de una autentificación exclusiva de cada persona, no requiere de ninguna contraseña (o el riesgo de olvidarse de ella), y resulta muy cómoda para completar una transacción, en apenas segundos. Esto, además, repercute en beneficio de personas que tienen una menor habilidad con el uso de aplicaciones o dificultad para recordar claves, facilitando con estos procesos biométricos el acceso a soluciones digitales financieras a un mayor número de usuarios.

Pero también aporta ventajas a las propias entidades financieras, ya que minimiza las fricciones en procesos de transacción (acceso, pagos, transferencias, etc.), y no requiere de sistemas o terminales extra que pueden encarecer el proceso.
La biometría también se beneficia de la Inteligencia Artificial (IA) a fin de potenciar la seguridad de un sistema. Porque a la biometría clásica, que aborda el proceso de autentificación empleando puntos de referencia en un rostro representado geométricamente, si se le une la IA, facilita no solo almacenar información, sino que estos sistemas biométricos aprendan y mejoren los datos o patrones físicos o conductuales. De esta forma, no solo se mejora la identificación automática, sino que se brinda un nivel más integral de seguridad usando modelos predictivos para analizar los efectos del envejecimiento, manteniéndose al día con el paso del tiempo. Ahondando en el apartado de seguridad, la biometría en conjunto con la IA otorga un ecosistema digital más confiable al trabajar con datos digitales irremplazables e irrepetibles. Hablamos de identidades físicas y conductuales que no se pueden ‘hackear’ o robar.
 

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