Lo único malo de la terraza es que esta en la Ribera el Duero

24 de julio de 2021

Emilio Moro, ubicada en la localidad vallisoletana de Pesquera de Duero, en plena milla de oro de la denominación de origen Ribera del Duero. Un entorno único que da vida a unos vinos con personalidad, rebosantes de pasión y tradición.

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Ahora, y coincidiendo con las ansiadas escapadas de verano, presenta su agradable terraza a pie de las bodegas, un apetecible espacio concebido para tomar un aperitivo. Puede funcionar como parada estratégica en mitad de trayecto hacia nuestro destino de vacaciones o como un destino en sí mismo, en el que quedar con unos amigos igual de amantes del vino: se encuentra a tan solo una hora y media de Madrid. Tanto en las mesas exteriores como en la zona de wine bar del porche –con aire rústico, muy luminoso y salpicado de vegetación–, se puede disfrutar de cualquiera de las referencias de la firma, por botellas o por copas, acompañadas de un picoteo: una tabla de jamón ibérico, un buen queso castellano, una ración de cecina con AOVE, unas conservas prémium (mejillones en escabeche, sardinillas o navajas) o algún plato más especial como sugerencia del chef (ensalada de codorniz escabechada, carpaccio de bacalao, bao de lechazo con verduras o, si el hambre azuza, media ración de cochinillo confitado).

Entre las etiquetas más icónicas de Emilio Moro disponibles en este wine bar con terracita se encuentran su buque insignia, Emilio Moro; los valorados Malleolus –cuyo lanzamiento hace 21 años marcó un antes y un después en la historia de la bodega y de la D.O.–, Malleolus de Valderramiro –procedente del viñedo más antiguo de la bodega– y Malleolus de Sanchomartín –un vino de terroir fruto de una parcela muy especial de solo una hectárea–; su vino ecológico, La Felisa; o su gama de blancos del Bierzo, entre ellos, el joven Polvorete.

El aperitivo en esta apetecible terraza puede formar parte también de uno de los diferentes planes de enoturismo que propone Emilio Moro y que integran un recorrido guiado por los viñedos y la bodega –descubriendo la tradición de una de las más prestigiosas de la Ribera del Duero– y una cata de sus vinos, reconocidos entre los mejores del mundo y presentes en más de 70 países.
 
La visita se puede completar con una comida más formal en su restaurante, donde se ofrece un menú protagonizado por los productos de la zona, la mejor forma de sumergirse en los encantos gastronómicos de la Ribera del Duero. El broche de oro a la jornada lo ponen las fantásticas vistas que se disfrutan desde su mirador, las Terrazas de Sanchomartín, que se alza sobre un mar de viñedos único en el mundo.
 

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