Además, Luna Rossa ha mejorado la masa de sus pizzas combinando tres diferentes harinas premium italianas, todas ellas integrales, en cuyos procesos de elaboración se separa el salvado del germen, se tuestan de manera independiente, se muelen a la piedra y se reintegran después. Lejos de ser un procedimiento caprichoso o mero marketing, este sistema asegura que la harina obtenida sea menos refinada, más digestiva y saludabilísima.
La molienda independiente del germen de trigo impide que libere sus aceites al resto de la harina, aligerando su contenido calórico. Además, el salvado reincorporado aporta fibra y minerales y potencia el sabor y el aroma de la masa. El resultado es una base para la pizza rica en vitaminas B1, B3, B6, B8, B9, potasio, fósforo, hierro, zinc y manganeso, con un marcado gusto a cereal y que absorbe más agua que la convencional. O, lo que es lo mismo, más sana y sabrosa.
De agosto a octubre se cosechan los dulces higos, pequeños y de color verde, con los que coronar la nueva pizza de Luna Rossa. Tras un paréntesis de algunos meses, se recogerán hacia junio las brevas —más grandes, moradas y menos dulces— que los sustituirán como ingrediente. Y es que las brevas son higos que no maduraron en otoño y permanecieron latentes en la higuera durante el invierno hasta su desarrollo en la siguiente primavera. De ahí la expresión “de higos a brevas” para señalar algo que sucede con poca frecuencia.
En Luna Rossa, a partir de la rentrée, dispondrán de esta pizza mientras haya higos y, llegada la siguiente primavera, la carta de temporada incluirá la versión con brevas. La receta se complementa con jamón de Parma DOP Doble Corona, tomates cherry amarillos y rojos Piennolo del Vesubio DOP y ricota de búfala. Una explosión de sabor en el paladar y no en el estómago.