Y la razón no es un adorno: es la materia con la que se preparan sus platos. Desde hace casi una década, este referente del Dinner & Dance ha convertido la fusión de gastronomía y clubbing en su razón de ser. Una propuesta que ha marcado a toda una generación que no se conforma con cenar ni con bailar, sino que exige novedades y vanguardia cada dia.
Para la rentrée, Panthera desvela su nueva propuesta: Nuggets crujientes con crema ligera de yogurt y Caviar Imperial Black Pearl (75€). Un plato llamado a convertirse en imprescindible de la comanda, que eleva lo cotidiano al terreno del lujo. El nugget, icono de lo popular, se viste con la majestuosidad del caviar para romper moldes y abrazar la tendencia que arrasa en Dubái, Miami o Ibiza: la unión entre confort food y alta cocina, entre lo urbano y lo exclusivo. En Panthera, ese cruce se convierte en espectáculo: el plato se sirve en una media jaula dorada, metáfora de un lujo que no se encierra, se exhibe.
Después de años viajando, observando y absorbiendo lo mejor de las escenas internacionales y nacionales, Panthera no se limita a copiar tendencias: las reinterpreta. De esa visión nació el mítico Tomahawk, hoy convertido en leyenda de la casa, y bajo la misma filosofía se presenta esta nueva incorporación, que no es solo un plato, sino una declaración de intenciones. Una esencia que responde al espíritu de su fundador, Kike Sierra, también creador de otros conceptos que triunfan en la capital como Nômadâ o La Flaca.
La carta también se enciende con nuevas incorporaciones que exploran la sensualidad de la fusión. Un trío de Causa Limeña, en versiones de ají amarillo, remolacha con pimiento rojo y espinacas, despliega un festival de color y textura. La ensaladilla japonesa, con gambas, atún desmigado y un inesperado polvo de remolacha, es un guiño elegante al mestizaje. La potencia llega con el brioche de rabo de toro a baja temperatura, envuelto en cebolla encurtida, mayokosho y sriracha. La frescura se encarna en la ensalada de tomates rosa marinados con vinagreta de miel, melocotón y burratina. Y el hedonismo alcanza su clímax con los rigatoni con salsa de coral cremoso y guanciale, un viaje directo a lo sofisticado.