«Estamos viendo que el mundo utiliza más carbón para la generación de energía y es una historia de disminución de la eficiencia de generación». Concretamente ven que el resultado será de una disminución de solo el 25% de las emisiones globales frente al 66% pactado por los países de cara a 2050.
En cualquier caso, creen que pese a estar muy lejos de los objetivos por culpa de este problema, la realidad es que se trata de una evolución moderadamente buena. «Por primera vez en la historia moderna, se proyecta que las emisiones alcancen su punto máximo y comience un descenso sostenido en esta década». En cualquier caso, el retorno del carbón en el corazón de Occidente provoca que el camino hacia el ‘net zero’ sea mucho más tortuoso de lo que parecía en un principio.
Y es que la descarbonización del planeta ya no es que avance al rumbo previsto. Hasta ahora, mientras Occidente abandonaba el carbón en favor de otras energías menos contaminantes, incluyendo aquí las energías fósiles, China y la India lo devoraban a espuertas para disparar su crecimiento a cualquier coste. Sin embargo, ya no es solo que los países emergentes (y China como potencia en ascenso) están apostando por el carbón y no tomando medidas contra él, sino que la situación entra en una fase muy diferente que altera por completo los objetivos climáticos. EEUU va a volver a apostar por el carbón como uno de sus pilares para hacer crecer su industria, mientras Europa se quede como única baluarte de su abandono sistemático.
El último en dar la alarma ha sido Exxon, quien ha explicado que las emisiones globales se reducirán una cuarta parte para 2050, muy por debajo del objetivo del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Para poner la situación en contexto, los precios del carbón llevan tiempo hundiéndose ante una gran producción, algo que ha dejado esta forma de energía más barata en comparación con otras como el gas, en particular con una infraestructura ya existente del siglo pasado y que no requiere grandes inversiones.