Y es que, en el año 2025, las compañías mostraron una confianza de 15,4 puntos, mientras que para el año próximo esa puntuación se ha incrementado hasta los 23. Mínguez, director del servicio de estudios de Cámara de España, achaca esta positividad, «que supera significativamente la media de la Unión Europea» –señala a elEconomista.es– en varios pilares. El primero se debe a los eesultados previos positivos. «La economía española ha mostrado un dinamismo superior al previsto durante 2025. Las empresas han obtenido resultados mejores de lo esperado en inversión, empleo y ventas nacionales en el último ejercicio, lo que refuerza su confianza para el futuro y ejerce una suerte de inercia en la actividad productiva que fortalece las expectativas positivas», señala Mínguez, quien añade también que esta positividad se debe al liderazgo en exportaciones, «que son la variable con mejores expectativas para 2026». Además, también pone de manifiesto que «mientras que en grandes economías europeas como Alemania o Francia existe un pesimismo marcado (saldos negativos), España prevé un crecimiento del PIB próximo al 2% para 2026, lo que mantiene el ánimo empresarial en terreno positivo».
Y es que, el optimismo se debe a que todas las variables que se tienen en cuenta para medir las expectativas han registrado incrementos, a excepción de una, las ventas nacionales, que apenas han descendido en 0,3 puntos respecto a los datos obtenidos en 2025. Míngues asegura que este leve descenso se debe a «una suave desaceleración del PIB prevista para el próximo año. Tras un 2025 muy dinámico, se espera que el ritmo de la actividad interna se modere ligeramente. Hay que tener en cuenta que las ventas nacionales efectivas en 2025 han superado las expectativas, lo que llevaría también a cierta prudencia en la expresión de las perspectivas».En todo caso, el director del servicio de estudios de Cámara de España, señala que «a pesar de este ligero descenso, las ventas nacionales siguen dibujando un sólido saldo positivo». Y es que, el saldo de las empresas españolas en las ventas es de 19,8, duplicando el 10,3 registrado por las empresas europeas.
Además, las expectativas de la confianza empresarial de las empresas españolas cuadruplica la media de la Unión Europea, que se encuentra en los 5,8 puntos, y es uno de los 10 países que más optimistas se muestra, solamente por detrás de Portugal (el que mejores expectativas tiene con 55 puntos), Turquía y Malta (ambos con 40 puntos), Letonia, Montenegro, Croacia, Polonia y Bulgaria. Y es que, el saldo de las perspectivas de inversión ha aumentado en 9,3 puntos respecto a la perspectiva que se tenía en 2025 sobre esta variable, que ya se sitúa en 10,7 en el caso español, frente al 2,5 en el caso europeo. En lo que al empleo se refiere, las perspectivas de las empresas españolas son significativamente más optimistas en comparación con las europeas, alcanzando un saldo de 23,3 , mientras que las de la zona euro apenas han alcanzado los 3,3 puntos. Todo ello, en un contexto marcado por el aumento de los costes laborales, que se volverán a incrementar en el año próximo por la subida del Salario Mínimo Interprofesional que ya está negociando el ministerio de Trabajo con los sindicatos y la patronal.
Por su parte, las exportaciones también han registrado un aumento, aunque más sostenido que el empleo y la inversión. Y es que, en 2025 las empresas españolas tenían unas expectativas de 36,8 puntos sobre las ventas que iban a realizar al exterior –muy positiva a pesar de la incertidumbre que causaron las amenazas de Donald Trump sobre los aranceles–, que este año han crecido hasta los 38,3 puntos. El optimismo por parte de las empresas en todas las variables –a excepción de las ventas– hace que España sea uno de los diez países de la zona euro que más optimistas se muestra de cara al próximo año.
El inicio del próximo año estará marcado por una nueva subida del Salario Mínimo Interprofesional, lo que de manera directa repercutirá en los costes laborales a los que tienen que hacer frente las empresas españolas. Se trata de uno de los temas que más preocupan a las compañías del país, con especial ímpetu en las más pequeñas. A pesar de ello, las expectativas de las organizaciones nacionales respecto a esta variables han crecido más de 20 puntos (concretamente 20,1) respecto a las obtenidas en 2025, ya que han pasado de 3,2 este año hasta los 23,3 para el próximo ejercicio. «Es cierto que podría existir una aparente paradoja por el hecho de que los costes laborales son la mayor preocupación, pero el saldo positivo de creación de empleo es de las variables que más ha subido», señala Raúl Mínguez, director del servicio de estudios de Cámara de España a este medio, quien –además– asegura que «esto se debe a la necesidad de las empresas de cubrir puestos para atender el crecimiento de la actividad y a la inercia positiva del mercado laboral español, que ha superado sistemáticamente las previsiones en los últimos años».
Además, el director del servicio de estudios de la Cámara de España señala que, «como revela la encuesta, el 66,4% de las empresas españolas sitúa los costes laborales como el obstáculo número uno para su actividad en 2026. Un aumento del SMI eleva la base salarial y, por tanto, las cotizaciones sociales, lo que contribuiría a presionar los costes laborales al alza, agravando este factor como el más condicionante para el tejido empresarial español (16,3 puntos por encima de lo manifestado por las homólogas europeas)». Esta presión podría trasladarse a los márgenes de las empresas –señala Mínguez– «lo que podría a su vez influir en el aumento de precios finales para compensar el alza en los costes o limitar la capacidad de inversión, que es la variable con el saldo de crecimiento más discreto (10,7) en comparación con el empleo o las ventas», como algunas de las consecuencias clave derivadas del incremento del Salario Mínimo Interprofesional.

