Después de una semana de movilizaciones en distintos puntos, los tractores salen este jueves a la calle al unísono contra la PAC (Política Agraria Común) y el acuerdo de Mercosur. Con esta nueva jornada de protestas reclaman precios justos, menos burocracia y freno a la competencia exterior. Además, el campo habla de competencia desleal que, aseguran, ejercen los productos importados de países terceros y se quejan de las crecientes cargas y exigencias de la PAC.
El temor a acuerdos como el de Mercosur, actualmente paralizado, es una de las grandes preocupaciones del sector. Alejandro, un ganadero de Burgos, teme por el futuro de su explotación ante la llegada de productos como carne, frutas, cereales o azúcar de países como Brasil o Argentina, donde los costes de producción son mucho más bajos al no tener las mismas exigencias medioambientales y sanitarias que se aplican en la Unión Europea.
La queja se ha convertido en un clamor. El sector denuncia que se permiten importaciones de productos que utilizan «componentes que llevan prohibidos 30 años aquí». Esta situación, afirma Alejandro, lleva a una conclusión clara: «No competimos en las mismas condiciones».
Al desafío exterior se suma el frente interno con la Política Agraria Común. El campo denuncia que las ayudas europeas son cada vez más difíciles de cobrar, con un aumento constante de la burocracia, más requisitos verdes y menos rentabilidad para las explotaciones. La sensación general es de estar sobrepasados por el papeleo.
Muchos profesionales del sector sienten que «pasan más tiempo rellenando papeles que trabajando la tierra». Esta frustración por la carga administrativa alimenta una percepción de abandono, con la sensación de que se les exige mucho normativamente pero se les protege poco ante los desafíos de un mercado cada vez más globalizado.
En este contexto, el reciente Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y la India ilustra la complejidad de la política comercial comunitaria. Aunque este tratado beneficia a sectores como el del automóvil, el vino o el aceite de oliva, reduciendo aranceles que llegaban al 150 %, también refleja las cautelas de Bruselas. Para el aceite, por ejemplo, las cargas del 45 % desaparecerán en cinco años, y en el caso del vino, los gravámenes se reducirán drásticamente, abriendo un mercado de más de 1.400 millones de personas.
Sin embargo, el acuerdo incorpora importantes líneas rojas para el sector primario. Bruselas ha negociado mantener los aranceles sobre los productos agrícolas considerados más sensibles, como la carne de vacuno, el azúcar, el etanol, el arroz y las aves, para no dañar a los productores europeos. Además, el comisario de Agricultura, Hansen, ha garantizado que todas las importaciones procedentes de la India deberán cumplir las estrictas normas de salud y seguridad alimentaria de la UE, una medida destinada a asegurar que la competencia se produzca en igualdad de condiciones.
