La tasa armonizada se redujo hasta el 2,4%, frente al 1,7% de media en la eurozona. La tasa subyacente se mantuvo estable en el 2,6%. El núcleo inflacionista, que excluye los precios de todos los alimentos y la energía, se mantuvo en el 2,8%. El resultado de la tasa general fue la prevista por Funcas, mientras que la subyacente fue ligeramente inferior a lo esperado. La mayor desviación con respecto a las previsiones se observó en los productos energéticos, como consecuencia el ascenso del precio de la electricidad, componente extremadamente volátil Los alimentos elaborados mantuvieron estable su tasa de inflación en el 2,1%. El precio del aceite de oliva encadenó cuatro meses de subidas, tras un periodo prolongado de acusadas caídas, pese a lo cual aún se mantiene un 24,1% por debajo del nivel de hace un año.
En enero también destacó el encarecimiento del tabaco. Los bienes industriales no energéticos (BINE) redujeron su tasa en una décima porcentual hasta el 0,6%. En cuanto a los servicios, también experimentaron una bajada de una décima hasta el 3,6%. El componente que más pesa en esta tasa es el de restaurantes y otros servicios de comida. Respecto a los componentes más volátiles, los alimentos no elaborados bajaron una décima su inflación hasta el 6,1%. Los productos con más repercusión en esta tasa son las carnes, los huevos y las hortalizas.
En cuanto a los productos energéticos, bajó el precio de los combustibles y el gas, pero la electricidad se encareció un 2,3% mensual. No obstante, esta subida fue muy inferior a la registrada el mismo mes del año pasado, que estuvo en gran medida motivada por la normalización de impuestos, lo que ha permitido que la tasa interanual de la electricidad se reduzca de forma considerable. También se ha producido un importante efecto escalón a la baja en los combustibles. Como consecuencia de todo ello, la tasa interanual del grupo energético se ha situado en negativo, con un -2,5%, frente al+3,4% del mes anterior.
En suma, la acusada bajada de la tasa general de inflación procedió del efecto escalón en los productos energéticos, derivado en gran medida de la cancelación del efecto de la subida impositiva en la electricidad de hace un año. La tasa subyacente se mantiene en el nivel del 2,6%. Previsiones El precio del crudo en las últimas semanas no se ha distanciado excesivamente del contemplado en el escenario central de hipótesis, por lo que se mantiene el supuesto de partida de una cotización para esta materia prima de en torno a 65$ para todo el periodo de previsión. Bajo este supuesto, se mantiene la previsión del 2,4% de media anual para la tasa general (por debajo del 2,7% observado en 2025).
La cifra esperada para la subyacente se ha elevado ligeramente hasta una media anual del 2,5%, lo que supone un aumento con respecto a la inflación subyacente registrada en 2025. Esto obedece a que, aunque para los BINEs y los servicios se espera una inflación algo inferior a la de 2025, la previsión para el grupo de alimentos elaborados es de un ascenso, desde el 1,4% registrado en 2025 hasta un 2,8%. La inflación en este grupo durante el pasado año estuvo contenida por la fuerte caída del precio del aceite de oliva, que compensó en gran medida el ascenso de la inflación en el resto de componentes.
En 2026 este efecto no estará presente, ya que no se espera que el aceite siga bajando de precio (de hecho, se mueve al alza), lo que explica el aumento esperado de la inflación en el grupo de alimentos elaborados, y, en consecuencia, en la tasa subyacente. En cuanto al escenario alto, la hipótesis con respecto al precio del crudo es de que ascienda hasta 80$. Es este escenario, la tasa media anual se elevaría hasta el 3% en el índice general y el 2,7% en el subyacente (cuadro 2.B). Finalmente, en un escenario en el que el precio de esta materia prima baja hasta 56$, las tasas medias anuales se situarían en el 1,9% y el 2,2% en la general y en la subyacente, respectivamente .
