Así se desprende del 22º estudio anual de evaluación del riesgo de carreteras en España, elaborado por iRAP (Programa Internacional de Evaluación de Carreteras, por sus siglas en inglés) -del que forman parte el RACC y la Fundación RACE. El estudio analiza la peligrosidad de 26.470 kilómetros de la Red de Carreteras del Estado (RCE), repartidos en 3.595 tramos, teniendo en cuenta la evaluación de los siniestros entre 2022 y 2024, su gravedad y su relación con las características de las vías. Las carreteras estatales suponen un 16% de las totales en España y canalizan el 53% del tráfico total de vehículos. El resultado se estructura en un ‘índice de riesgo’, definido como el número de siniestros mortales y graves ocurridos en un tramo en función de la intensidad del tráfico.
Para ello, se analizaron 3.873 siniestros ocurridos en las carreteras estatales entre 2022 y 2024, de los cuales 1.192 fueron mortales y provocaron 1.341 fallecidos, y 2.681 resultaron ser graves con un total de 3.566 personas lesionadas. Así, 1.716,8 kilómetros presentan un alto nivel de riesgo de siniestro (un 6,5% del total de los analizados) y 1.405,5 tienen un riesgo medio-alto (5,3%).
El índice de riesgo conjunto de la RCE se ha reducido entre 2010 y 2024, al pasar de 15,3 a 6,4 en autopistas y autovías (-58%) y de 47,7 a 24,4 en las carreteras convencionales (-49%), es decir, hay 3,8 veces más riesgo en estas que en aquellas. No obstante, el índice de riesgo en autopistas y autovías sube por primera vez en 15 años, al pasar de 6,1 en 2023 a 6,4 en 2024. Por su parte, el de las carreteras convencionales se ha mantenido en 24,4.
En total, hay 103 carreteras con riesgo elevado (rojo) o muy elevado (negro). Quince de ellas concentran el 51% de esos tramos de alta peligrosidad, repartidos por 1.601 kilómetros. Todos ellos son de carreteras convencionales, es decir, con calzada única y un carril por sentido de circulación. El más peligroso está entre los puntos kilométricos 1.133,0 y 1.138,9 de la N-340 (Tarragona), que es el de mayor riesgo para sufrir un siniestro grave.
La N-340, que es la carretera más larga de España (con 1.248 kilómetros que conectan Cádiz con Barcelona bordeando el litoral mediterráneo), aporta otros ‘tramos negros’: de los puntos kilométricos 941,0 y 952,4 (Castellón); del 1.154,3 al 1.160,5 (Tarragona), y del 1.065,3 al 1.073,7 (Tarragona).
El resto de ‘tramos negros’ se concentraban en la N-5 (Badajoz), la N-6 (León), la N-110 (Segovia), la N-111 (Soria), la N-120 (Pontevedra), la N-230 (Huesca), la N-232 (La Rioja y Zaragoza), la N-260 (Girona), la N-323 (Granada), la N-344 (Murcia), la N-420 (Tarragona), la N-432 (Badajoz, Córdoba y Jaén), la N-541 (Pontevedra y Ourense), la N-621 (León), la N-630 (León) y la N-634 (Lugo).
Respecto al número de kilómetros ‘negros’ y ‘rojos’, la N-330 (de Alicante a Zaragoza) encabeza la lista, con 152, por delante de la N-420 (de Tarragona a Córdoba), con 149, y la N-630 (Ruta de la Plata), con 142.
Por comunidades autónomas, Aragón es la que presenta una mayor proporción de kilómetros estatales con riesgo elevado o muy elevado (21% del total en esa región), por delante de La Rioja (18%), Castilla y León (16%), y Galicia (12%). En el lado opuesto están Navarra (0,0%), Comunidad de Madrid (2%) y Comunidad Valenciana (7%). En cuanto a las provincias, León lidera el ranking de puntos ‘rojos’ y ‘negros’ (27% del total en su territorio), por delante de Huesca (26%) y Palencia (25%).
En función de los datos obtenidos en el informe, existen determinadas características que coinciden en la gran mayoría de los tramos más peligrosos de carreteras en España. Así, se trata de una carretera convencional, posee una calzada única, con tráfico mixto, una elevada densidad de intersecciones al mismo nivel, con accesos directos y limitaciones geométricas, y una intensidad media diaria por debajo de los 10.000 vehículos al día. En el sentido contrario, las carreteras más seguras son, paradójicamente, aquellas por las que transitan más vehículos, de manera que la siniestralidad es prácticamente residual en los tramos con más de 60.000 vehículos diarios. Se trata, sobre todo, de autopistas y autovías, donde la separación de calzadas, la eliminación de intersecciones al mismo nivel y la existencia de mayores niveles de seguridad pasiva contribuyen a reducir la gravedad de los siniestros.
