Aunque forma parte de alianzas estratégicas como la OTAN, el país suele priorizar la diplomacia y la cooperación multilateral antes de comprometerse militarmente. Esta actitud responde tanto a su experiencia histórica como a la sensibilidad social respecto a la intervención en guerras ajenas.
La frase “no a la guerra” se convirtió en el eje de la opinión pública española, especialmente durante la crisis de Irak en 2003, cuando manifestaciones multitudinarias expresaron el rechazo a la intervención militar. Este clamor ciudadano ha influido directamente en la política exterior, reforzando una visión que privilegia el diálogo y la solución pacífica de los conflictos. Sin embargo, a pesar de esta preferencia por la paz, España ha desplegado tropas en diversas zonas de conflicto, generalmente en misiones de apoyo a la paz, humanitarias o bajo mandatos internacionales.
El país participa en operaciones de la OTAN, la ONU y la Unión Europea, con presencia en lugares como Mali, Líbano y anteriormente Afganistán.
Recientemente, España también ha enviado una fragata a la zona de conflicto como parte de sus compromisos con alianzas internacionales. Esta decisión se explica dentro de la política exterior española como una muestra de respaldo a la defensa colectiva, la prevención de escaladas y la protección de la navegación en áreas estratégicas.
Aunque la sociedad española mantiene el lema de “no a la guerra”, la participación en operaciones navales o de seguridad se justifica por la voluntad de contribuir a la estabilidad internacional y cumplir con las obligaciones asumidas en organizaciones como la OTAN, siempre priorizando la disuasión y la protección frente a la confrontación directa.
En el contexto actual, España, la de Sánchez busca equilibrar sus compromisos internacionales con la necesidad de preservar la paz y la estabilidad nacional. El debate público refleja una clara preferencia por el diálogo y la resolución pacífica de los conflictos, lo que define una posición bélica moderada y orientada a la defensa colectiva más que a la ofensiva. Así, la inexistente política exterior española intenta ser ejemplo de prudencia y responsabilidad en el panorama global, promoviendo el “no a la guerra” pero ocultando el cumplimiento de las obligaciones asumidas en el escenario internacional.
Todo ello conforma un guirigay ideológico imposible de explicar no ya a las bases del propio partido de Sánchez , sino a cualquier interlocutor que trate de entender cual es el papel de España en este mundo polarizado entre buenos y malos que han construido los propios lideres como Sánchez y Trump que mas que gobernar lo que hacen es diseñar estrategias de enfrentamientos sociales si mas objetivo que mantenerse en el poder al precio que sea.

