En este contexto, los expertos prevén un mensaje más duro de Lagarde tras la reunión del BCE que tendrá lugar este mismo jueves -la primera desde que se inició el conflicto- y en la que la entidad revisará sus previsiones económicas. Las últimas declaraciones desde el banco central han ido en la línea de «mirar más allá» de las variaciones temporales de la inflación. Sin embargo, el BCE «también querrá evitar repetir el error de política de 2022, reaccionando demasiado tarde si la inflación resulta más persistente».
En general, los inversores descuentan que el BCE anunciará una subida de los tipos antes de finales de verano y no descartan que pueda aplicar una segunda antes de que concluya el año, en función de cómo transcurra la guerra en Irán y de cómo afecte a la inflación y a la economía.
En un escenario base, en el que la guerra se limitase a unas pocas semanas y se restableciese rápido del suministro de petróleo y gas, la recuperación de la zona del euro se retrasaría, pero «no se vería frustrada». En ese escenario base los bancos centrales no prestarían atención al repunte temporal de los precios -lo que permitiría a la Reserva Federal estadounidense aplicar una bajada de tipos este año- y al BCE mantenerlos. Por el contrario, en caso de una escalada prolongada del conflicto, «cabría esperar» que el BCE subiera los tipos hasta 50 puntos básicos y la Fed hasta 25 puntos de cara a finales de año, matizan desde Generali.
De momento, la presidenta Lagarde ha incidido en que la situación actual no es como la de 2022 y se ha mostrado partidaria de actuar con paciencia. El BCE está esperando antes de plantearse un nuevo ciclo de subidas de tipos.
