Desde entonces, la dinámica se ha revertido ligeramente, con una apreciación moderada que se ha visto acentuada a partir del conflicto en Oriente Próximo, cuando la libra se ha comportado mejor que el resto de principales divisas, más allá del dólar
La economía británica se encuentra en una posición delicada: por un lado, el mercado laboral se sigue deteriorando, con una tasa de paro cercana a máximos de la pandemia; por otro lado, la inestabilidad política, con Starmer presentando la menor tasa de aprobación que ha tenido cualquier primer ministro en 50 años y los dos partidos tradicionales en niveles de apoyo en mínimos históricos, frente al auge de partidos populistas a la izquierda y derecha.
En cuanto a política monetaria, el conflicto en Oriente Próximo ha cambiado las perspectivas bruscamente. El BoE se encontraba en una senda acomodaticia desde tipos de interés bastante altos, con una inflación acercándose paulatinamente al objetivo del 2%. Sin embargo, los riesgos inflacionarios surgidos a partir del conflicto han provocado un giro hacia una política más restrictiva: los mercados descuentan entre dos y cuatro subidas a finales de 2026. En un escenario así, y frente a un riesgo alto de estanflación, existen dudas de que un BoE más restrictivo sea un apoyo para la libra si el deterioro económico es demasiado marcado.
Nosotros esperamos, sin embargo, que unos tipos de interés ya restrictivos y unas políticas fiscales que mitigan la inflación a medio plazo (como la Ofgem price cap), alimenten la posibilidad de que el BoE no suba el tipo de interés (frente al movimiento de subida esperado para el BCE). Esto se observa en la divergencia entre los implícitos y las previsiones del consenso de analistas, que prevén un tipo estable. En este caso, la libra también se vería debilitada. Por lo tanto, en ambos escenarios las perspectivas para la libra son de depreciación frente al euro.
