Así lo ha señalado durante su intervención en la sexta edición del Wake Up, Spain!. Para el número dos de la autoridad monetaria, el problema de la vivienda en España es estrictamente un problema de regulación, especialmente en el mercado del alquiler, ya que las normas actuales no favorecen el aumento de la oferta para hacer frente a una demanda disparada por el crecimiento demográfico.
Esta combinación de factores provoca los incrementos de precios actuales, perjudicando severamente a los jóvenes y dificultando la llegada de mano de obra a zonas donde es necesaria.
Profundizando en esta crisis habitacional, el exministro de Economía ha descartado de plano que la solución inmediata pase por las recetas tradicionales de etapas anteriores. A la pregunta de si la salida pasa por liberar suelo y ponerse a construir indiscriminadamente, su respuesta ha sido categórica: «Lo que hay que hacer es modificar la regulación del alquiler. Ese es el primer paso. Eso es lo fundamental».
De Guindos ha argumentado que España ya cuenta en la actualidad con un importante parque de viviendas heredado de la anterior crisis de la burbuja inmobiliaria, una época en la que «se decía que estábamos construyendo demasiada vivienda». Por tanto, el objetivo no debe ser promover nuevas construcciones, ya que «esas viviendas están ahí, la única cuestión es que hay que ponerlas en el mercado». Y para movilizar ese parque vacío hacia el arrendamiento, ha reiterado que una nueva regulación es indispensable.
El análisis del vicepresidente del BCE sobre el impacto demográfico es extenso. Por un lado, ha defendido abiertamente la llegada de trabajadores extranjeros asegurando que «la inmigración para España ha sido muy positiva», a pesar de ser consciente de que es un discurso que «no está de moda en determinados ambientes». Los cálculos del propio guardián del euro así lo avalan: sin este empuje, el crecimiento de la economía española se limitaría a estar simplemente en la media continental.
Sin embargo, la receta económica exige prudencia y gestión: «lo que hay que hacer con la inmigración es maximizar los beneficios y reducir los costes». Entre estos costes, además de la escalada inmobiliaria, se encuentra el enorme reto de gestionar un salto poblacional vertiginoso, puesto que España ha pasado en un periodo relativamente corto de tener 45 millones a 50 millones de habitantes. Este rápido incremento, ha advertido el exministro de Economía, tensiona severamente los servicios públicos y alimenta la fragmentación política en el país.
Pese a estos formidables desafíos, el mensaje general de de Guindos sobre la coyuntura nacional ha sido de confianza. Ha asegurado que siempre habla bien de la economía española porque cuenta con «ventajas claras», como un sistema financiero saneado, plena capacidad para dar crédito, y porque el tejido empresarial «ganó muchísima competitividad» en los últimos años. A estas fortalezas se le suman «vientos de cola» innegables: el citado impulso demográfico, el «incremento muy fuerte del turismo» y los cruciales fondos europeos Next Generation.
Sobre el papel de Europa, De Guindos ha recordado que los fondos se crearon en un momento excepcionalmente delicado por la pandemia, implicando por primera vez la emisión de deuda conjunta por parte de la Unión Europea.
Aunque ha reconocido que «ha habido cierto retraso desde el punto de vista de la implementación», el balance para España es rotundo: «ha sido claramente beneficioso». En gran parte, esto se debe a la entrada de unos 70.000 millones de euros en concepto de transferencias no reembolsables. «Independientemente de cuáles hayan sido los proyectos de inversión, es financiación que te ha entrado sin coste para Europa», lo cual ha supuesto «un impulso muy positivo» para sostener los procesos de inversión nacionales.
Al ser interpelado directamente sobre si le apetecería volver a ser ministro, teniendo en cuenta el complejo panorama nacional actual De Guindos ha sido tajante. Ha recordado que él ya estuvo sentado en esa mesa «en una circunstancia muy complicada como fue la crisis bancaria», y ha descartado cualquier regreso. «No quiero volver al sector financiero en absoluto. Y a la política tampoco», ha sentenciado.
Tras recordar que ya fue ministro durante seis años y medio, ha desvelado que a partir de septiembre empezará a colaborar en una universidad y, posteriormente, en una escuela de negocios.
