La entidad considera que el impacto del encarecimiento energético derivado de la guerra en Irán sigue limitado principalmente a la inflación energética y que no se observan, por ahora, efectos de segunda ronda sobre el conjunto de la economía. Además, el mercado laboral británico continúa mostrando signos de debilidad.
La decisión era ampliamente esperada por los analistas y fue aprobada por seis votos a favor y tres en contra dentro del Comité de Política Monetaria, repitiendo el resultado de la reunión de julio. Los miembros más partidarios de endurecer la política monetaria defendían una subida preventiva ante los riesgos inflacionistas.
Aunque los inversores siguen anticipando futuras alzas de tipos, tras la reunión redujeron parcialmente sus expectativas. El mercado descuenta ahora una subida antes de final de año y otorga una probabilidad cercana al 50% a un nuevo incremento posterior.
Junto a la decisión sobre los tipos, el Banco de Inglaterra anunció también ajustes en su programa de reducción de balance, una de las herramientas clave de su estrategia de normalización monetaria.
En las actas de la reunión, el Banco de Inglaterra ha mantenido su orientación principal, en la que afirma estar preparado para actuar, si bien añade que los riesgos se inclinan al alza, incluso más que en julio. Según las actas, se prevé que las presiones inflacionarias aumenten en los próximos meses. Los efectos indirectos que aún no se han manifestado en la economía británica posiblemente se retrasen, en lugar de disminuir, apunta el escrito. El BoE prevé ahora una inflación que duplique su objetivo del 2% a principios del próximo año, y ha elevado su previsión de PIB para el tercer trimestre al 0,4%.
Ademas, la institución ha anunciado que reducirá su cartera en 368.000 millones de libras esterlinas durante los próximos ocho años, de los cuales 222.000 millones procederán de amortizaciones y 146.000 millones de ventas activas. Esto supone entre 150.000 y 200.000 millones de libras más de lo que algunos podrían haber esperado. De este modo, el BoE quedaría con 120.000 millones de libras en bonos del Estado en su balance. Esta reducción se llevará a cabo a un ritmo medio anual de 46.000 millones de libras al año (de los cuales 20.000 millones procederán de ventas activas). Hasta ahora venía siendo de 70.000 millones.
