Y es que, ante un accidente como el de Ademuz, es fundamental que las autoridades actúen con rapidez, transparencia y rigor y si hasta el momento parece que eso es así, ahora en el momento de empezar a estudiar y analizar las causas y los porque empiezan a aflorar informaciones que ponen en cuestión la gestión realizada en los últimos años en el ministerio responsable del sector ferroviario.
Efectivamente, en el momento del accidentes la prioridad debe ser garantizar la atención inmediata a las. Al mismo tiempo, es imprescindible ofrecer información veraz y continua a la ciudadanía, evitando rumores y especulaciones que puedan generar alarma social.
Sin embargo, desde el punto de vista político, es necesario asumir responsabilidades y promover una investigación exhaustiva que determine las causas del accidente y depure posibles negligencias. Además, este tipo de sucesos debe servir para revisar y, en su caso, reforzar las normativas de seguridad y los protocolos de actuación, asegurando que se tomen las medidas necesarias para prevenir incidentes similares en el futuro. El compromiso real con la seguridad y la transparencia es la base para recuperar la confianza ciudadana tras una tragedia de estas características. Y mucho nos tememos que eso no va a ser así, sobre todo tras conocer algunas actuaciones previas de Fomento y la negativa del ministro a asumir su propia responsabilidad.
Hasta el momento y respetando al máximo todo lo publicado la realidad es que los medios de comunicación han asumido su propia responsabilidad y están informando con rigor, sensibilidad y respeto por las víctimas y sus familiares. Es fundamental que sea así y es necesario evitar el sensacionalismo y priorizar la veracidad de los hechos, corroborando las fuentes y evitando la difusión de rumores. Además, se debe ofrecer contexto sobre las causas y consecuencias del suceso, así como informar sobre las medidas adoptadas por las autoridades.
Sin embargo, ha llegado el momento de la reflexión sobre lo ocurrido, sobre la seguridad y su prevención, sin perder de vista el impacto humano del accidente ,pero sin dejarse intimidar por posibles amenazas ya habituales.
El gobierno teme la politización del accidente de Ademuz y sus causas porque podría derivar en un debate público intenso que cuestione su gestión y responsabilidad en materia de seguridad y prevención. Además, la politización puede ser utilizada por la oposición para criticar al ejecutivo y ganar apoyo ciudadano, lo que podría afectar la imagen y la estabilidad del gobierno. En este contexto, el gobierno busca evitar que el accidente se convierta en un arma política y que el foco se desplace de la investigación técnica hacia el enfrentamiento partidista. Y dada la polarización de la vida política y vistos los precedentes puede que estemos ante una batalla tremenda, que casi con toda seguridad empiece el propio Gobierno o alguno de sus componentes
