El sector bancario atraviesa una de las transformaciones más profundas desde la crisis financiera global. Se trata de una transformación estructural que combina innovación y riesgo: la inteligencia artificial redefine la intermediación y la gestión de riesgos; los nuevos competidores y modelos de financiación amplían el perímetro del sistema financiero; y los bancos centrales ajustan sus estrategias en un entorno de balances más reducidos y monedas digitales emergentes. El último número de Papeles de Economía Española, publicación editada por Funcas, ofrece una visión de los grandes desafíos que enfrenta el sector bancario en un contexto de acelerada transformación tecnológica, creciente competencia y redefinición del papel de la banca en la economía mundial del siglo XXI.
En el monográfico, titulado “Nuevos desafíos del sector bancario”, Soledad Núñez, actual subgobernadora del Banco de España, identifica cuatro grandes ejes de cambio —el riesgo geopolítico, la transformación digital y la inteligencia artificial, la sostenibilidad y la simplificación normativa— que definirán el futuro del sector. Núñez subraya que, partiendo de una posición de solidez y rentabilidad, la banca debe reforzar su capacidad de adaptación ante los cambios que se avecinan. La gestión del riesgo geopolítico exige agilidad y resiliencia; la transformación digital y el uso responsable de la inteligencia artificial plantean desafíos operativos y éticos; la sostenibilidad requiere acompañar al tejido productivo en la transición verde pese a la falta de datos de calidad, y la simplificación normativa europea busca mayor integración sin comprometer la estabilidad.
Leonardo Gambacorta examina cómo la IA —y en particular la IA generativa— está impulsando la eficiencia en el crédito, los seguros, la gestión de activos y los pagos, pero también introduciendo nuevos riesgos. En su artículo se refiere a tres canales: vulnerabilidades dentro de las finanzas (alucinaciones, fallos de alineación, imitación de modelos, amenazas cibernéticas); fragilidades en la cadena de suministro de la IA, donde el dominio de las grandes tecnológicas y los puntos únicos de fallo aumentan el riesgo sistémico, y efectos indirectos de la economía real, en particular a través del mercado laboral y el impacto en la calidad del crédito y los impagos. Con una perspectiva comparada entre países, el trabajo subraya la heterogeneidad en la preparación y adopción de la IA y aboga por marcos regulatorios adaptativos y cooperación internacional que garanticen transparencia, responsabilidad, equidad, seguridad y supervisión humana para salvaguardar la estabilidad financiera sin frenar la innovación.
La perspectiva del cliente bancario en la adopción de la inteligencia artificial se aborda en el artículo de Santiago Carbó, Pedro J. Cuadros-Solas y Francisco Rodríguez. A partir de una encuesta a 2.018 clientes en España, los autores muestran que la IA ya está integrada en todas las grandes entidades —si bien con intensidad desigual— y que un mayor grado de adopción se relaciona positivamente con la calidad percibida de los canales digitales, especialmente la app móvil. La receptividad del cliente depende en gran medida del perfil digital: usuarios con mayor alfabetización tecnológica, uso frecuente de canales online y preferencias por la banca móvil aceptan más fácilmente servicios automatizados (chatbots, detección de fraude, personalización). Al mismo tiempo, la conciencia y valoración del uso de IA varían según factores sociodemográficos (educación, renta, residencia urbana). El artículo subraya que el reto ya no es “tener IA”, sino avanzar hacia una integración más sofisticada y estratégica y desplegando estrategias inclusivas (formación y soporte) que eviten brechas de adopción entre segmentos de clientes.
En un contexto en el que nuevas tecnologías, mercados y nuevos competidores reflejan la profundidad del cambio estructural que atraviesa el sistema financiero global, el artículo de Pedro J. Cuadros- Solas, Carlos Salvador y Nuria Suárez analiza el impacto en el poder de mercado bancario del crecimiento de nuevos competidores no bancarios a raíz del proceso de digitalización financiera y tecnológica, especialmente desde la pandemia. Con una muestra de 5.077 bancos en 27 países (2009-2023), el estudio muestra que el mayor peso del shadow banking reduce el poder de mercado de la banca tradicional, sobre todo cuando compite de forma directa por ahorro y financiación: gestión de vehículos de inversión colectiva, intermediación de mercados con financiación a corto plazo y titulización. Los autores muestran que el efecto en el poder del mercado bancario no es homogéneo, se atenúa en países con mejor calidad institucional y mayor libertad económica y se intensifica cuando se endurecen las políticas macroprudenciales, con un desplazamiento de la actividad hacia el perímetro no bancario.
José Manuel Marqués y Sergio Gorjón analizan cómo la innovación tecnológica está transformando el sistema de pagos. Para ello, distinguen entre avances que mejoran la eficiencia —como los pagos inmediatos o la inteligencia artificial— y aquellos que suponen cambios estructurales, como la “tokenización”, las stablecoins y las monedas digitales del banco central. Subrayan que la digitalización impulsa una infraestructura más ágil, interconectada y programable, con liquidaciones casi instantáneas y pagos globales más eficientes. El artículo concluye que el sistema financiero entra en una nueva etapa en la que la tecnología amplía la eficiencia, pero exige redefinir los roles de bancos, reguladores y bancos centrales para preservar la confianza, la estabilidad y la soberanía monetaria.
