El último informe del banco central señala los riesgos que pueden provocar estos cambios, la mayoría de los cuales se asocian con lo que está sucediendo en Oriente Medio. Así, «los miembros» del BCE han evaluado «que las perspectivas de inflación seguían siendo más inciertas de lo habitual debido a la volatilidad del entorno político mundial». Entre sus conclusiones, los analistas aseguran que «la inflación podría resultar más alta si se produjera una tendencia alcista persistente en los precios de la energía, o si unas cadenas de suministro mundiales más fragmentadas impulsaran al alza los precios de las importaciones, restringieran el suministro de materias primas críticas y agravaran las limitaciones de capacidad en la economía de la zona euro».
Es decir, las autoridades monetarias europeas han puesto el foco en las causas de la volatilidad, así como en las que están produciendo una «tendencia alcista» en el coste de la energía.
De hacerse esta tendencia «persistente», es decir, de enquistarse la guerra en Irán y el conflicto en la zona, la inflación podría subir y obligar a plantear cambios en la política monetaria del BCE. Por otro lado, «si el crecimiento salarial se moderara más lentamente, la inflación del sector servicios podría bajar más tarde de lo previsto». Por otro lado, «el aumento previsto del gasto en Defensa e infraestructura también podría provocar un repunte de la inflación a medio plazo», así como «los fenómenos meteorológicos extremos», que «podrían impulsar los precios de los alimentos más de lo previsto».
