Tras años relegadas frente a los activos financieros impulsados por la política monetaria ultraexpansiva, las commodities vuelven a ser consideradas por muchos inversores como una herramienta de diversificación y protección frente a posibles shocks económicos. Más que una apuesta direccional sobre su precio, los expertos destacan que las materias primas funcionan como una especie de seguro macroeconómico dentro de las carteras, ya que tienden a comportarse de forma diferente al resto de los activos financieros en contextos de inflación, crisis energéticas o interrupciones en las cadenas de suministro.
En este contexto, el nuevo ciclo económico está devolviendo a las materias primas una función histórica dentro de la planificación patrimonial. “En las carteras bien construidas, las commodities actúan como un contrapeso cuando el sistema financiero entra en tensión”, explica.
En términos de asignación, el peso de las materias primas dentro de una cartera debe adaptarse al perfil de riesgo del inversor. En su opinión, un perfil conservador podría situar su exposición en torno al 10 % o el 15 % del patrimonio, principalmente con una función defensiva. En perfiles moderados, el peso podría moverse en un rango aproximado del 15 % al 25 %, combinando protección frente a riesgos macroeconómicos con oportunidades de ciclo. Para perfiles más agresivos, la exposición podría alcanzar entre el 25 % y el 35 %, incorporando además energía y metales industriales. Según explica, en un entorno en el que la renta fija ha perdido parte de su capacidad tradicional de protección frente a determinados shocks macroeconómicos, las materias primas vuelven a desempeñar ese papel de seguro dentro de la cartera.
Qué materias primas tienen más sentido ahora
No todas las materias primas desempeñan el mismo papel dentro de una cartera. Cada una responde a dinámicas macroeconómicas distintas y, por tanto, cumple funciones diferentes dentro de una estrategia de inversión bien diversificada.
Así, los metales preciosos siguen siendo el pilar defensivo dentro del universo de las commodities. El oro, la plata, el platino y el paladio han recuperado protagonismo en un entorno marcado por compras récord de bancos centrales, una desdolarización parcial del sistema financiero internacional y el riesgo de que la inflación permanezca estructuralmente por encima de los niveles observados durante la década pasada. Dentro de este grupo, el oro mantiene su condición de activo monetario global y continúa siendo uno de los principales refugios en periodos de incertidumbre financiera. La plata, por su parte, combina su función de activo refugio con un fuerte componente industrial, lo que la convierte en un activo híbrido especialmente sensible al ciclo económico. El platino y el paladio están más vinculados a la evolución de la actividad industrial y a determinados procesos de la transición energética, lo que introduce una dinámica distinta dentro del bloque de metales preciosos.
Junto a ellos, otro activo menos conocido dentro del universo de las materias primas que históricamente ha desempeñado un papel relevante en contextos de inestabilidad: los diamantes de inversión. Al igual que el oro, se trata de activos físicos, escasos y que no dependen de la solvencia de ningún emisor. Sin embargo, presentan además algunas características particulares que explican su interés dentro de determinadas estrategias patrimoniales. La primera es su elevada densidad de valor. Un diamante de alta calidad puede concentrar decenas o incluso cientos de miles de euros en una pieza de apenas unos milímetros. A lo largo de la historia, esta característica ha convertido a los diamantes en una forma eficiente de preservar patrimonio en situaciones de crisis, conflictos o desplazamientos de capital. A ello se suma una oferta estructuralmente limitada. A diferencia de otros recursos naturales, el descubrimiento de nuevos yacimientos de diamantes ha sido muy reducido en las últimas décadas, mientras que muchas de las minas más relevantes se encuentran ya en fases de maduración o declive productivo. Por último, la demanda continúa mostrando una tendencia estructuralmente creciente, especialmente en Asia, donde el diamante mantiene un importante componente cultural y patrimonial. Por estas razones, los diamantes no deben analizarse como una materia prima cíclica tradicional, como ocurre con el petróleo o el cobre, sino como una reserva de valor alternativa dentro del conjunto de activos tangibles. En las carteras patrimoniales, explica, suelen encajar como complemento dentro del bloque de activos refugio, con un peso orientativo de entre el 5 % y el 10 % dentro de la asignación total a materias primas.
Vehículos de inversión: una confusión habitual
Más allá de la selección de materias primas, uno de los errores conceptuales más frecuentes entre los inversores está relacionado con la forma de acceder a esta clase de activos. Existe la percepción generalizada de que al invertir en un ETF, un ETC o un fondo de materias primas se está comprando directamente la materia prima. En la mayoría de los casos, sin embargo, no es así. Lo que el inversor adquiere habitualmente son contratos de futuros, acciones de compañías del sector, como mineras, petroleras o empresas agrícolas, o diferentes estructuras financieras derivadas vinculadas al precio del recurso. En otras palabras, no se está comprando el activo en sí, sino un negocio o un instrumento financiero relacionado con él, lo que introduce un perfil de riesgo muy diferente.
El caso de las compañías mineras es especialmente ilustrativo. Cuando un inversor compra un fondo de mineras no está adquiriendo oro, plata o cobre, sino participaciones en empresas que extraen esos metales. Y una empresa está expuesta a múltiples factores adicionales al precio del recurso que produce, como costes energéticos, regulación, estructura de deuda, decisiones de inversión o riesgos operativos.
A esta complejidad se añade otro elemento menos conocido en el caso de muchos ETFs de materias primas: el llamado contango. Dado que estos vehículos replican el precio a través de contratos de futuros, deben vender los contratos que vencen y comprar otros con vencimientos posteriores. Cuando el mercado se encuentra en contango, esos nuevos contratos suelen ser más caros, lo que provoca una erosión progresiva de la rentabilidad. Este fenómeno explica por qué muchos ETFs de commodities no replican con precisión el comportamiento del precio real de la materia prima a largo plazo.

