La que era entonces directora de Google, Fuencisla Clemares, y los dos de Indra-Minsait que han declarado este miércoles como testigos ante el juez Juan Carlos Peinado han dado los nombres de las personas que se encargaron del proyecto para crear un programa informático en el seno de la cátedra de Transformación Social Competitiva que codirigía Gómez.
De hecho, está previsto que el titular del Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid les cite en próximos días para tomarles declaración a partir de la de Bolaños, programada para el 16 de abril en la pieza separada sobre si hubo malversación de fondos públicos en la contratación que usaba la esposa del presidente del Gobierno para asuntos privados.
La ahora exdirectora de Google señaló a dos personas como los que se encargaron del desarrollo del software. Miguel Escassi, responsable de Relaciones Institucionales y que, según sus redes sociales, mantiene vínculos con el PSOE. Y, por otro lado, Isaac Hernández, responsable técnico en nuestro país.
Clemares explicó que era consciente de la participación de la tecnológica en el proyecto de la cátedra de Gómez y dio su visto bueno inicial tras comprobar que le tuvo «buena pinta» y le «encajaba». Principalmente, expuso en su declaración, porque cumplía con los objetivos de Google en cuanto a que era una herramienta dirigida a la «digitalización» y «formación en capacidades digitales», pero también enmarcada en lo «sostenible».
Sin embargo, la hasta el pasado mayo alta ejecutiva de la multinacional defendió y quiso dejar claro que su conocimiento de los detalles es «reducido» ya que no lo siguió «de primera mano» ni recibía actualizaciones periódicas. Reveló, eso sí, que fue un asesor de la cátedra, Jaime García Cantero, el que planteó la colaboración a su equipo. No se vio con Gómez nunca por la plataforma, afirmó, para seguidamente admitir que la conoce personalmente porque «me la he cruzado, la he saludado».
Sí que confirmó que invirtieron un total de 110.000 euros, de los que 40.000 fueron a parar directamente a la cátedra de la UCM, en teoría para que subcontratase a colaboradores, y, los 70.000 restantes, a las compañías, una de ellas Making Science, que se encargaron de las labores de desarrollo tecnológico.