En los años de mayor intensidad –especialmente entre 2005 y 2014–, el crudo y sus derivados explicaron la mayor parte del flujo comercial desde Caracas. El pico se alcanzó en 2006 y 2007, cuando las compras españolas superaron ampliamente los 1.500 millones de euros anuales, impulsadas por un contexto internacional favorable para el petróleo y por unas relaciones diplomáticas relativamente estables.
A partir de ahí, el patrón se volvió errático. Las importaciones cayeron con fuerza tras el desplome de la producción venezolana, el endurecimiento de las sanciones internacionales y el deterioro institucional del país. Hubo repuntes puntuales –como en 2012, 2014 o más recientemente en 2024–, pero siempre relacionados con operaciones concretas. En 2025, las importaciones volvieron a moderarse, reflejando de nuevo esa volatilidad.
Por el contrario, las exportaciones españolas a Venezuela han sido más diversificadas. A lo largo de los años, España ha vendido al mercado venezolano maquinaria y aparatos mecánicos, material eléctrico, productos químicos, vehículos, material ferroviario, productos farmacéuticos, bienes de consumo, libros y manufacturas industriales, entre otros. El periodo de mayor dinamismo exportador se produjo entre 2010 y 2013. En esos años, las ventas españolas superaron los 1.000 millones de euros anuales, con máximos históricos en 2011 y 2012. Fue una etapa en la que coincidió una mayor presencia empresarial española, proyectos de infraestructuras, suministro de bienes industriales y un entorno relativamente amable para las empresas extranjeras.
A partir de 2014, con el deterioro político y económico ya bajo el mandato de Maduro, la tendencia cambió. Las exportaciones comenzaron a caer de manera casi ininterrumpida hasta tocar mínimos históricos entre 2017 y 2021. La combinación de hiperinflación, controles de capital, inseguridad jurídica y sanciones internacionales redujo drásticamente la capacidad de Venezuela para importar bienes y pagar a proveedores extranjeros. Aunque en los últimos años se observa una ligera recuperación, los niveles actuales están muy lejos de los máximos de la década pasada.
Al mismo tiempo que las relaciones comerciales se han enfriado, se ha producido una intensa diáspora de ciudadanos venezolanos hacia España. En la última década, su número se ha multiplicado por siete hasta convertirse en la quinta nacionalidad extranjera más numerosa del país. Su presencia se ha traducido en inversión en sectores como el comercio, los servicios o la hostelería, así como en una aportación relevante al mercado laboral. Paradójicamente, mientras el intercambio comercial se ha debilitado, los vínculos económicos y sociales entre ambos países se han reforzado.
