Para cualquier inversor, la situación actual presenta desafíos y oportunidades que requieren una planificación adecuada para preservar y rentabilizar el capital.
Una situación monetaria como la actual, marcada unos tipos de interés en niveles reducidos afectan de manera desigual a los distintos activos financieros. En el caso de la renta fija, aunque un entorno de tipos bajos puede reducir las rentabilidades esperadas, esta sigue siendo una opción interesante para el inversor más conservador. La premisa en este caso es que la rentabilidad supere la inflación, de manera que el inversor preserve su capital y aumente además su poder adquisitivo.
Por el contrario, en un contexto de tipos bajos, la renta variable se ve favorecida, ya que la valoración de los activos aumenta. Es decir, al descontar los flujos futuros con una tasa más reducida, el valor presente de las inversiones en bolsa tiende a ser superior. Además, en este entorno, los inversores buscan alternativas para obtener rentabilidad, lo que puede impulsar la demanda de acciones y otros activos de mayor riesgo.
Ante un escenario como éste, que resulta especialmente desafiante para los inversores más conservadores, los fondos de inversión pueden ser una solución eficiente para gestionar el capital de manera diversificada y profesional y, en particular, los fondos mixtos, ya que combinan renta fija y variable, permitiendo una gestión dinámica del riesgo y de la exposición a los distintos mercados.
Hay que tener en cuenta además un detalle: mientras que un inversor individual puede encontrar dificultades para acceder a emisiones específicas de renta fija y gestionar de manera efectiva la composición de su cartera, la inversión en un fondo mixto gestionado de manera profesional y activa permite ajustar la proporción de activos de acuerdo con la coyuntura del mercado, maximizando las oportunidades de rentabilidad y reduciendo riesgos innecesarios.
Luego, en función de la exposición al riesgo que decida asumir cada inversor, la composición de los fondos mixtos puede ser muy diferente.
Para optimizar la inversión en un entorno de tipos de interés bajos, sería recomendable que el inversor adoptara estrategias que permitan equilibrar rentabilidad y riesgo de manera eficiente. Para ello, su decisión debería inclinarse por diversificar mediante una combinación de activos con diferente perfil de riesgo, con el fin de mejorar la estabilidad de la cartera; optar por la flexibilidad que ofrecen los fondos mixtos con una estrategia de gestión activa, lo que permitiría aprovechar oportunidades sin necesidad de realizar ajustes manuales en la cartera, ya que lo hará el propio gestor, y evitar decisiones impulsivas ante la volatilidad de los mercados, para no incurrir en reacciones precipitadas y mantener una visión a largo plazo.
En este contexto de tipos bajos, convendría también que el inversor evitase adoptar determinadas decisiones que podrían comprometer la rentabilidad de sus carteras. Nos referimos, por ejemplo, a mantener demasiado dinero en efectivo, lo que genera pérdida de poder adquisitivo debido a la inflación; a asumir riesgos excesivos en busca de mayor rentabilidad sin una estrategia clara; a no diversificar, lo que expone al inversor a mayores fluctuaciones del mercado, o a permanecer en activos de baja calidad, como bonos «high yield», en un intento de obtener mayores retornos en activos de renta fija, sin evaluar correctamente el riesgo de impago que se está asumiendo.
En definitiva, en un escenario de tipos de interés bajos y una inflación persistente, los inversores deberían adoptar estrategias para proteger y hacer crecer su patrimonio. En este sentido, los fondos de inversión mixtos con gestión activa se presentan como una herramienta eficiente para equilibrar seguridad y rentabilidad, permitiendo a los inversores afrontar el desafío con mayor tranquilidad y confianza.