Esta marcada escalada en el principal índice de referencia de las hipotecas variables responde directamente al aumento de las expectativas de que el Banco Central Europeo (BCE) suba los tipos de interés a lo largo de este año.
El detonante principal ha sido el conflicto en Irán, el cierre efectivo del estrecho de Ormuz y el consiguiente repunte en los precios del petróleo y del gas natural. Como importador neto de energía, Europa es especialmente vulnerable a este tipo de disrupciones en el suministro, tal como ya se comprobó al inicio de la guerra en Ucrania en 2022.
Esta exposición no solo genera un riesgo de inflación importada, sino también de desaceleración económica. De hecho, los primeros indicadores de alta frecuencia publicados desde el estallido del conflicto ya apuntan a una actividad económica más débil.
El tono de los miembros del BCE ha cambiado de forma notable tras el conflicto, contrastando fuertemente con el mensaje transmitido en la reunión de febrero. En marzo, el banco central abandonó la idea de que se encontraba en una “buena posición” y puso especial énfasis en los riesgos derivados de la situación en Oriente Medio, en particular en los posibles efectos de segunda ronda sobre la inflación. En consonancia, revisó al alza sus proyecciones de inflación, especialmente para finales de 2026 (del 1,9% al 2,6%).
Aunque Christine Lagarde evitó dar pistas concretas sobre los próximos pasos durante la rueda de prensa, los mensajes posteriores tanto de la presidenta como del entorno del BCE han sido claramente hawkish. De hecho, han dejado abierta la posibilidad de una subida de tipos tan pronto como en la reunión de abril.
En línea con este giro, los mercados de swaps están descontando actualmente una probabilidad del 60% de que el BCE suba los tipos en abril, y un total de 80 puntos básicos de incrementos a lo largo del año. Tras la traumática experiencia inflacionaria que siguió a la invasión rusa de Ucrania, el BCE parece decidido a no repetir errores y está mostrando una elevada predisposición a actuar con rapidez en el corto plazo, incluso si el repunte de la inflación resultara finalmente transitorio.
Nuestro escenario base contempla que no se alcance una tregua hasta algunas semanas o mes más, y que el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz permanezca siendo prácticamente nulo durante este tiempo. En este periodo, creemos que los mercados continuarán descontando subidas de tipos. Cuanto más se extienda el conflicto y el bloqueo del estrecho —y mayores sean los ataques a infraestructuras energéticas—, mayor será la probabilidad de que estas expectativas se materialicen en alzas efectivas de los tipos de interés en la eurozona.
Por todo ello, creemos que el Euríbor podría estabilizarse en torno a los niveles actuales, al menos hasta que aparezcan señales más sólidas y creíbles de desescalada en el conflicto y de acercamiento de posturas entre ambas partes. Si ello ocurre en un periodo de tiempo relativamente acotado, cabría esperar una corrección en las expectativas de subidas de tipos y del Euribor a 12 meses. Sin embargo, cuanto más tiempo se mantengan los precios de la energía elevados, más pegajoso se mantendrá el índice de referencia para las hipotecas variables en torno a los niveles actuales.

