La utilización del dióxido de carbono (CO₂) capturado como materia prima para nuevos procesos industriales se perfila como una de las herramientas clave para avanzar en la descarbonización de la economía y reforzar la competitividad del tejido industrial.
Esta es una de las principales conclusiones del estudio ‘Utilización del CO₂’, elaborado por el centro de investigación aplicada y desarrollo tecnológico TECNALIA y presentado por Fundación Naturgy, que ha reunido a representantes de la administración pública, la industria y el ámbito tecnológico.
El informe analiza en profundidad el papel de las tecnologías de captura y uso del carbono (CCU) como complemento imprescindible a la electrificación y la eficiencia energética, especialmente en aquellos sectores industriales difíciles de descarbonizar, como el refino, la industria química, el sector gasista o los materiales de construcción. En este contexto, el estudio plantea un cambio de paradigma al considerar el CO₂ no solo como un residuo, sino como un recurso estratégico capaz de generar valor económico, ambiental e industrial.
A lo largo de sus distintos capítulos, el documento examina el contexto regulatorio europeo y nacional que está marcando el desarrollo de estas tecnologías. En el ámbito europeo, destaca el impulso de iniciativas como la Estrategia de Gestión del Carbono Industrial y los objetivos climáticos a 2040 y 2050, que prevén capturar hasta 280 millones de toneladas de CO₂ en 2040 y 450 millones en 2050. En el caso de España, el informe subraya que, aunque las tecnologías CCU están reconocidas en planes estratégicos como el PNIEC, aún es necesario avanzar hacia un marco regulatorio más claro y específico que facilite su despliegue a escala industrial.
El estudio realiza además un análisis detallado del estado de madurez tecnológica de las principales vías de utilización del CO₂. Entre ellas, destacan la producción de combustibles sintéticos –como metanol, gas natural sintético o e‑fuels– ; la fabricación de productos químicos sostenibles –como urea, polioles o policarbonatos– ; y la mineralización del CO₂ para su uso en materiales de construcción. Estas soluciones permiten no solo reducir emisiones, sino también fomentar la economía circular y la reindustrialización sostenible.
Otro de los aspectos relevantes del informe es la identificación de oportunidades específicas para la industria española. El documento señala el potencial de crear clústeres regionales que agrupen emisores de CO₂, infraestructuras de transporte y posibles usos industriales, favoreciendo sinergias entre empresas energéticas, industrias intensivas en energía, centros tecnológicos y administraciones públicas. Esta aproximación permitiría acelerar proyectos demostrativos y reducir costes, al tiempo que posiciona a España como un actor relevante en la economía circular del carbono.
Como conclusión, el estudio pone de manifiesto que la utilización del CO₂ es tanto una solución tecnológica como una estrategia industrial de largo plazo. Su desarrollo requiere la combinación de innovación, inversión, colaboración público‑privada y políticas regulatorias estables. Con el marco adecuado, estas tecnologías pueden convertirse en un pilar clave para cumplir los objetivos climáticos europeos y generar nuevas oportunidades de crecimiento económico y empleo de calidad.
