ERC consiguió a mediados de enero marcarse un tanto, cuando consiguió el reconocimiento de la singularidad catalana en el nuevo modelo de financiación pactado a tres bandas entre los de Junqueras, el Gobierno y la Generalitat. El resto de autonomías de régimen común pusieron el grito en el cielo y acusaron a Sánchez de privilegiar a Cataluña por sus acuerdos con los independentistas.
Conviene recordar que, para los republicanos, las bases eran insuficientes, ya que no reconocían una de sus demandas históricas y que aseguraron haber arrancado a los socialistas: el refuerzo de la Agencia Tributaria de Cataluña (ATC), que ganaría nuevas atribuciones que ahora están en manos de la Hacienda estatal, empezando por el traspaso de la gestión del principal impuesto, el IRPF.
Los republicanos recordaron este lunes que siempre han sido muy claros a la hora de marcar sus líneas rojas. De hecho, indicaron que la negociación no ha arrancado de manera formal o informal. Por esta razón, Alamany se mostró muy crítica con Illa, al anunciar que el viernes remitirá al Parlament el proyecto de Presupuestos de 2026, sin tenerlos «atados» con ERC.
Los republicanos son conscientes que atacaron a los socialistas por donde más puede dolerles. Al PSC, por la relación con su partido hermano, el PSOE. Y a Sánchez, por lo que se juega en las próximas elecciones autonómicas, las del día 15 de marzo en Castilla y León, y las de junio en la autonomía más poblada, Andalucía, y que hasta 2019 había sido el gran fortín territorial de los de Ferraz.
Para los republicanos, no hay que esperar al desenlace de las dos elecciones autonómicas que están por venir para negociar las cuentas y el traspaso del IRPF. A finales de enero, parecía que la relación entre republicanos y socialistas pasaba por un momento muy dulce, tras darse a conocer las bases de la nueva financiación, pero todo se torció tras el accidente ferroviario de Gelida (Barcelona) -que evidenció el deterioro de la red ferroviaria de titularidad estatal- y la convalecencia de Illa, que estuvo un mes recuperándose de una infección.
Así las cosas los malabares de Sanchez pueden saltar por los aires justo en el momento que peor le viene a los socialistas y mas daño les puede hacer. Puede que la sangre no llegue al rio, pero tanto tensar la cuerda no siempre termina por salir bien.
