La esperanza de vida es uno de los principales indicadores para medir el bienestar y la salud de una población, ya que refleja el número medio de años que se espera que viva una persona en función de las condiciones actuales de mortalidad. En la Unión Europea, este indicador se sitúa entre los más altos del mundo. En concreto, está por encima del promedio de los países desarrollados de la OCDE, que ronda los 80 años, aunque queda ligeramente por detrás de los países como Japón, Suiza o Corea del Sur, que superan los 83–84 años.
En 2024, la esperanza de vida al nacer en la Unión Europea (UE) se situó en 81,5 años, lo que representa un ligero aumento de 0,1 años respecto a 2023. Este dato confirma la consolidación de la recuperación iniciada tras el impacto de la pandemia de covid, que había provocado un retroceso significativo en los indicadores de mortalidad. En concreto, la esperanza de vida descendió hasta los 80,4 años en 2020 y a 80,1 años en 2021, reflejando las consecuencias sanitarias y sociales de la crisis. Sin embargo, desde entonces se ha producido una mejora sostenida que no solo ha permitido recuperar los niveles previos, sino también superarlos, ya que en 2019 la esperanza de vida era de 81,3 años.
A nivel regional, las diferencias en esperanza de vida siguen siendo notables. En 2024, solo cuatro regiones europeas alcanzaron o superaron los 85 años de esperanza de vida. Entre ellas destaca la Comunidad de Madrid, que encabeza la clasificación con 85,7 años. Le siguen dos regiones italianas –la Provincia Autónoma de Trento y la Provincia Autónoma de Bolzano– y la región de Estocolmo, en Suecia, todas con una esperanza de vida de 85 años.
En el extremo opuesto, las regiones con menor esperanza de vida se concentran principalmente en Europa del Este. De las cinco regiones con los valores más bajos, tres se encuentran en Bulgaria: Severozapaden (73,9 años), Severen tsentralen (74,9 años) y Severoiztochen (75,4 años). Las otras dos regiones con cifras reducidas son Mayotte, en Francia, con 74,5 años, y Észak-Magyarország, en Hungría, con 75,1 años. Estas diferencias reflejan desigualdades persistentes en factores como el acceso a la atención sanitaria, las condiciones socioeconómicas y los estilos de vida.
Otro de los aspectos destacados es la diferencia en la esperanza de vida entre hombres y mujeres. En 2024, las mujeres en la Unión Europea alcanzaron una esperanza de vida de 84,1 años, mientras que la de los hombres fue de 78,9 años. Esto supone que, en promedio, las mujeres viven 5,2 años más que los hombres. No obstante, esta brecha de género varía considerablemente entre países. En algunos Estados miembros, especialmente en el este de Europa, la diferencia es muy pronunciada. Letonia presenta la mayor brecha, con 9,8 años de diferencia a favor de las mujeres, seguida de Lituania (8,6 años) y Estonia (8,4 años). En contraste, los países con menores diferencias son los Países Bajos (2,8 años), Suecia (3,1 años) e Irlanda (3,4 años), lo que sugiere una mayor convergencia en las condiciones de vida y salud entre hombres y mujeres.
En conjunto, los datos de 2024 reflejan una recuperación sólida tras la pandemia y ponen de relieve tanto los avances como los desafíos pendientes en materia de salud pública en la Unión Europea. Las diferencias regionales y de género continúan siendo elementos clave para entender la evolución de la esperanza de vida y orientar futuras políticas.
