El repunte de los precios del petróleo y el resurgir de los temores a una recesión han llevado a muchos inversores a recuperar el término «estanflación» y a plantear si nos enfrentamos a una reedición de los años setenta. Sin embargo, consideramos que este paralelismo resulta, por ahora, prematuro.
Conviene recordar que la estanflación describe un entorno de bajo crecimiento combinado con presiones inflacionistas persistentes. A día de hoy, el contexto actual dista significativamente del episodio de referencia: durante la década de 1970, el denominado «índice de miseria», la suma de inflación y desempleo, se situó en niveles de dos dígitos de forma generalizada.
Además, la estanflación de los setenta no fue consecuencia de un shock puntual, sino del encadenamiento de múltiples crisis y de respuestas de política monetaria insuficientes a lo largo de toda una década. Entre los factores clave se encuentran el fin del sistema de Bretton Woods en 1971, el embargo petrolero de 1973-1974, la revolución iraní de 1979 y la guerra entre Irán e Irak en 1980.
Como resultado, y en términos reales (dólares de 2026), el precio del petróleo se multiplicó por cinco hasta alcanzar los 90 dólares en 1974, se elevó hasta los 180 dólares en 1979 y permaneció en niveles elevados hasta mediados de los años ochenta.
En este contexto, la estanflación sigue siendo un riesgo a vigilar, pero no constituye, por el momento, el escenario principal de preocupación.
