A fecha de redacción, la media provisional de enero se sitúa en el 2,247%, lo que supone dos puntos básicos menos que en diciembre.
Atribuimos este descenso, principalmente, al giro en las expectativas sobre la política monetaria del Banco Central Europeo. Hace un mes, los mercados de swaps descontaban que el próximo movimiento del BCE sería al alza; ahora, en cambio, incorporan una mayor probabilidad de recorte. Este cambio responde, en parte, a la fuerte apreciación del euro en las últimas semanas, que amenaza con ejercer presión desinflacionista sobre los precios al consumo. Un euro más fuerte abarata las importaciones y, al mismo tiempo, resta competitividad a las exportaciones europeas en los mercados exteriores. Si parte de esa oferta exportadora se redirige al mercado común, podría acentuarse la moderación de precios internos. Ante esta volatilidad cambiaria, varios miembros del BCE, como Villeroy y Kocher, han advertido recientemente de la necesidad de monitorizar de cerca la evolución de la moneda única.
Aunque el cambio de signo en la expectativa de tipos resulta significativo, los futuros siguen sin descontar de forma plena un recorte de tasas a lo largo de 2026. En línea con el consenso, seguimos sosteniendo la tesis de que el tipo de la facilidad de depósito se mantendrá en el 2% durante el resto del año. Esta visión se sustenta en dos pilares: la notable resiliencia que exhibió la economía de la eurozona en 2025 y la mejora en las perspectivas de crecimiento alemán gracias al paquete fiscal aprobado el año pasado. En este sentido, los indicadores más recientes – pedidos de fábrica, producción industrial e índices PMI – ya apuntan a un mayor dinamismo económico en el país germano.
En consecuencia, no anticipamos grandes oscilaciones en el Euríbor a 12 meses a lo largo de 2026.

