El procedimiento utilizado por la Comisión Europea y los Estados Miembros se percibe como «antidemocrático», al haber sido diseñado para cortocircuitar el control parlamentario y acelerar una firma que ignora las advertencias del sector primario. Además, se rompen las «reglas del juego». El sector no entiende por qué se prohíben en Europa prácticas productivas que, sin embargo, se aceptan en los productos importados desde el Cono Sur. Los puntos de fricción son críticos. Así, en Seguridad y Salud denuncian que mientras en Europa existen restricciones estrictas sobre trazabilidad y el uso de antibióticos para frenar las resistencias antimicrobianas, en Mercosur se permiten promotores de crecimiento y técnicas como la irradiación de la carne, prohibidas en suelo europeo.
En Bienestar Animal y Medio Ambiente, Asoprovac considera que la carne que entrará en nuestros mercados no cumple con los crecientes estándares de bienestar animal ni con las exigencias medioambientales que sí se imponen, por ley, a nuestros ganaderos. Se produce además una clara competencia desleal ya que las diferencias normativas permiten que Mercosur produzca con costes hasta un 30% inferiores a los europeos, haciendo imposible la competencia en igualdad de condiciones.

