Bastaron siete días para descartar las expectativas de una rápida negociación, daños limitados y una pronta reanudación del transporte de crudo. La idea de que el Brent se mantuviese estable ha quedado atrás.
Los expertos de Berenberg advierten que el cierre del estrecho de Ormuz ha puesto en jaque el suministro mundial de energía, disparando los precios y obligando a revisar todas las proyecciones. Sus tres escenarios iniciales se han reducido a dos: uno «benigno», en el que el estrecho reabriría a finales de marzo y las exportaciones se reanudarían antes de que termine el mes, y otro «negativo», donde el petróleo podría subir hasta 120 dólares el barril.
En el escenario más optimista, el crudo rondaría los niveles actuales y volvería gradualmente a los precios previos a la guerra durante el tercer trimestre. En este supuesto, la inflación en la eurozona subiría ligeramente hasta el 2,1% en 2026 y el PIB crecería un 1,1%. En Reino Unido, la previsión de crecimiento baja al 0,8%. Para EEUU, el impacto sería limitado, aunque la subida de la gasolina restaría poder adquisitivo y elevaría la inflación 0,2 puntos.
En el escenario negativo, el estrecho de Ormuz permanecería cerrado más tiempo, el petróleo alcanzaría los 120 dólares y el gas podría llegar a 90 euros/MWh durante seis meses. Esto frenaría el crecimiento en la eurozona (0,7% en 2026) y elevaría la inflación al 3,1%, con impacto similar en Reino Unido, donde los recortes de tipos se pospondrían hasta 2028. En EEUU, la inflación rozaría el 4% y el crecimiento seguiría resistiendo, aunque solo se prevé un recorte de tipos.
Los analistas no descartan que la realidad se sitúe entre estos dos extremos y advierten de que la prolongación del conflicto podría mantener las restricciones al tráfico marítimo en la zona durante más tiempo, afectando aún más a la economía global.
