En opinión de son Pedro, el gran intermediador de problemas internacionales, «Irán debe cesar de inmediato la represión de las protestas pacíficas, las detenciones arbitrarias y las restricciones a la libertad de expresión», ahí es nada, como si nuestro chico fuese alguien de peso en el panorama internacional y hubiese estado presente en los distintos foros al respecto
La realidad es que, la República Islámica de Irán atraviesa una coyuntura especialmente delicada. Las protestas ciudadanas, desencadenadas por demandas de libertad, igualdad de género y mejoras en las condiciones de vida, han ido adquiriendo una dimensión inédita en los últimos años. Aunque el aparato estatal mantiene un férreo control sobre la sociedad y los medios, la creciente frustración de la población joven y urbana ha puesto en jaque la estabilidad del régimen.
Las posibilidades de que la revolución triunfe dependen de varios factores:
• la capacidad de los movimientos sociales para organizarse,
• la reacción del gobierno ante la presión internacional
• sobre estos dos, el grado de unidad entre las distintas fuerzas opositoras.
No obstante, el riesgo de represión severa sigue siendo alto, y la falta de apoyos internos sólidos complica el escenario para un cambio profundo y sostenido.
En este contexto, si la política exterior española hubiese sido otra, si nuestro gobierno no hubiese sido tan mezquino con los interese de unos y otros, y si Sánchez gozase del prestigio internacional que en otras épocas gozaron los mandatarios españoles y que Sánchez ha dilapidado tontamente, España podría desempeñar un papel relevante como país miembro de la Unión Europea y como interlocutor diplomático. A través de la promoción del diálogo, el apoyo a los derechos humanos y la cooperación internacional, España podría haber contribuido a visibilizar la situación iraní y favorecer iniciativas que impulsasen reformas democráticas. Además, el tejido empresarial y cultural español podría facilitar espacios de encuentro y entendimiento, reforzando la presión para que el régimen iraní avanzase hacia una apertura política y social.
En definitiva, la situación en Irán es compleja y está marcada por la incertidumbre. Sin embargo, el compromiso de la comunidad internacional —en la que por desgracia España ya no es nada, ni nadie la oye — podría haber sido clave para apoyar las aspiraciones legítimas del pueblo iraní, siempre desde el respeto a la soberanía y la promoción de la paz.
