La decisión, tomada la pasada semana, supone el primer gran golpe de Corpinnat a la D.O. Cava, pues hasta ahora las fugas a la nueva D.O. habían sido de compañías pequeñas. Sin ir más lejos, la agrupación tuvo en 2025 una facturación conjunta de 34 millones de euros entre sus 19 bodegas. Por si sola, Juvé y Camps ya tuvo unos ingresos de 26,7 millones de euros en el ejercicio 2024 -el último cerrado-. Así, la compañía controlada por Scranton Enterprises -el holding propiedad de exdirectivos de Grifols y miembros de la familia- sostiene que el salto se da por «ser coherente con el proyecto y la visión de futuro para los vinos espumosos, basada en el viñedo y el territorio». En los últimos años, han sido varias las voces que criticaron la pérdida de vinculación con el territorio del cava.
Corpinnat trató de enfocarse siempre hacia espumosos de mayor calidad que los habituales en la D.O. Cava. Con la alianza, pues, Juvé y Camps espera ser más rentable de lo que venía siendo hasta el momento. «Queremos seguir elaborando vinos que nazcan del viñedo y reflejen fielmente su identidad, y al mismo tiempo contribuir a que los espumosos de alta calidad se consoliden como una categoría premium reconocida y competitiva en el mundo», dijo Meritxell Juvé, consejera delegada de Juvé y Camps. Aunque no da los resultados completos, la empresa dice que en el año 2025 tuvo unos ingresos de 27 millones de euros y un ebitda de 3,1 millones.
La D.O. Cava responde al adiós de la bodega en un comunicado en el que destaca «la diversidad, modelos y estilos» como gran fortaleza del cava. «Todos comparten un mismo compromiso: la elaboración bajo el método tradicional, rigor en los procesos y una exigente normativa». Además, recuerda la apuesta hecha por los espumosos de Guarda Superior -los de mayor envejecimiento- y la regionalización del producto para reforzar la vinculación con el territorio. La agrupación saca además pecho de su tamaño, a pesar de las caídas sostenidas en los últimos dos años. Cuenta con 38.000 hectáreas de viña, 6.200 viticultores y 349 bodegas asociadas. Según los últimos datos, logró una facturación en 2025 de 2.048 millones de euros, el 10% menos que un año antes por el impacto de la sequía y la decisión de Freixenet de vender un espumoso alternativo en Alemania.
La bodega pasa, por lo tanto, a representar la vigesimosegunda incorporación de una marca colectiva que presume de «trabajar con uno de los reglamentos más exigentes del mundo», según expresa en un comunicado. Entre estos requisitos se incluyen la obligatoriedad de que la uva y el proceso sean 100% ecológicos, la vendimia manual, la vinificación íntegra a la propiedad, crianzas largas, compromiso con las variedades históricas, viñas de propiedad o de contratos de larga duración con un precio mínimo garantizado para el viticultor y auditorías anuales externas.

