Tras meses de avances muy verticales, el ajuste visto en oro y plata encaja, por ahora, dentro de un proceso clásico de normalización técnica más que en el inicio de un mercado bajista estructural. Lo que para el inversor menos experimentado puede parecer una señal de ruptura, desde el punto de vista de flujos, posicionamiento y técnica de mercado se asemeja más a una purga de sobreextensión y un reequilibrio del riesgo.
Oro: digestión de una subida parabólica
El oro venía desarrollando un movimiento de naturaleza casi parabólica, con una separación creciente respecto a sus medias de referencia de corto y medio plazo. Este tipo de estructuras tienden a generar vacíos de liquidez: muchos compradores entran tarde, con apalancamiento, y cualquier giro en el flujo macro provoca ventas forzadas. El desplome del viernes fue, esencialmente, el mercado cerrando ese vacío, como un movimiento de regreso hacia zonas técnicas de equilibrio, donde el precio vuelve a interactuar con soportes dinámicos relevantes. No es una rotura de la tendencia; es el precio regresando a su cimiento estructural. Mientras el oro respete la zona de los 4.450 dólares, el ciclo ascendente de 2026 no es solo una realidad, sino que se habrá fortalecido al eliminar la espuma especulativa que amenazaba con convertir el rally en una burbuja incontrolable. Más que un problema de fundamentos, lo que ha corregido es la velocidad del movimiento.
Momentum: del sobrecalentamiento a zona neutral
Los indicadores de momento ya venían advirtiendo de un mercado tensionado. El RSI (Relative Strenght Index), el detector de mentiras del mercado que mide la fuerza de compra y venta, se había movido durante semanas en terreno de sobrecompra extrema. Antes del viernes negro, el oro registraba un RSI de 80 puntos sobre una escala de 100, un entorno históricamente asociado a fases finales de tramo más que a puntos de entrada eficientes. La corrección ha tenido un efecto claro, reduciendo el apalancamiento especulativo y «limpiando” el RSI hasta situarlo en la zona de los 46 puntos. Este nivel es el punto dulce para los grandes inversores de valor. Al enfriar el indicador, el oro ha dejado de estar «caro» en términos de impulso para entrar en una zona de equilibrio donde los fundamentos vuelven a importar más que el ruido de los titulares.
El papel del dólar y el giro en expectativas de tipos
Uno de los catalizadores más claros del ajuste ha sido el rebote del dólar. La reconfiguración de expectativas sobre política monetaria en EE. UU., junto con un tono percibido como más firme desde la Reserva Federal y figuras como Kevin Warsh en el debate público, ha reforzado la idea de tipos reales menos complacientes de lo que el mercado descontaba. El gran arquitecto de la caída del viernes no fue una venta masiva de lingotes, sino el despertar del DXY (U.S. Dollar Index). Este índice, que rastrea la fuerza del dólar frente a una cesta de divisas internacionales (liderada por el euro), es la métrica que define el coste de oportunidad global.
La llegada de una nueva cúpula a la Reserva Federal, con Kevin Warsh a la cabeza, ha reconfigurado las expectativas. El dólar ya no es una moneda a la deriva; se ha convertido de nuevo en un refugio de alto rendimiento. El salto del DXY hacia los 105 puntos actuó como una descarga eléctrica sobre las materias primas. Cuando el dólar sube con esa agresividad, ejerce una presión deflacionaria sobre el oro. Los inversores institucionales, ante la perspectiva de un dólar fuerte y tipos de interés reales positivos, decidieron liquidar posiciones en metales para capturar liquidez inmediata. Este movimiento no implica necesariamente desconfianza estructural en el oro, sino un ajuste táctico de carteras hacia activos que, en el corto plazo, ofrecen rendimiento nominal y menor volatilidad.
Plata: volatilidad amplificada y componente industrial
Si el oro es el termómetro del miedo, la plata es el termómetro del pánico y la industria. Su caída desde los 120 dólares hasta testear la barrera de los 75-80 dólares ha sido traumática para muchos. Como es habitual, ha amplificado el movimiento del oro. Su doble naturaleza, de activo monetario y metal industrial, la convierte en el instrumento preferido para ajustes rápidos de riesgo. Es el metal del apalancamiento; cuando los márgenes de garantía aprietan, es el primer activo que se vende para cubrir huecos. Sin embargo, desde un punto de vista estructural, su historia no es idéntica a la del oro: la demanda vinculada a tecnología, electrificación y transición energética introduce un soporte de fondo que no desaparece con una corrección técnica. Este movimiento «espejo» con el oro confirma que estamos ante una corrección coordinada por algoritmos de trading institucional. Si el soporte de los 75 dólares se mantiene firme durante las primeras sesiones de febrero, estaremos ante una de las mayores oportunidades de reentrada de la década, dado que el componente industrial de la plata sigue siendo deficitario frente a una demanda tecnológica que no deja de crecer.
Inversor europeo: efecto divisa como amortiguador
Para carteras denominadas en euros, el impacto ha sido distinto al observado en dólares. La caída del oro en dólares ha coincidido con una debilidad del euro frente al billete verde. Esto ha amortiguado el golpe para las carteras europeas. Poseer metales preciosos en este entorno no es solo una apuesta por el valor del metal, sino una protección contra la debilidad relativa de la moneda única. Esta «cobertura natural» es la que permite que, a pesar de la volatilidad, el patrimonio real del inversor europeo se mantenga mucho más estable que el del inversor estadounidense.
Veredicto: corrección de exceso, no invalidación de tesis
Lo que hemos presenciado es una «purga de liquidez». El mercado ha eliminado a los participantes que operaban bajo el sesgo de la confirmación y la avaricia de corto plazo. Los niveles técnicos son claros: mientras el oro no pierda de forma consistente los 4.450 dólares y la plata se mantenga sobre los 75 dólares, el ciclo alcista de 2026 sigue gozando de una salud envidiable. El Dólar (DXY) ha reclamado su territorio, sí, pero los problemas de fondo que impulsaron al oro (la deuda soberana global y la fragmentación geopolítica) no se han resuelto con una vela roja en un gráfico. Como analista, mi mensaje es de serenidad estratégica. Las correcciones son el precio que el mercado nos cobra por las tendencias duraderas. El brillo del oro no se ha extinguido; simplemente está esperando a que el polvo del dólar se asiente para retomar su camino hacia nuevas cumbres. El foco, desde aquí, pasa de la emoción del movimiento a la disciplina en niveles técnicos, flujos de divisa y expectativas de tipos reales.

