La divisa estadounidense repuntó con fuerza la semana pasada frente a las principales monedas, ante la perspectiva de que el conflicto con Irán se prolongue más allá de lo inicialmente previsto. Las divisas europeas fueron las más castigadas, ya que los inversores temen su elevada dependencia de las importaciones energéticas en un contexto de bloqueo prácticamente total del estrecho de Ormuz. Como consecuencia, los futuros del petróleo han vuelto a superar los 100 dólares por barril. Mientras los activos de riesgo muestran una elevada volatilidad, las bolsas estadounidenses solo han retrocedido hasta los niveles de hace tres meses. Por su parte, los bonos soberanos de todo el mundo registran rendimientos negativos en el año, y la mayoría de los inversores en renta fija acumulan pérdidas ante el temor a un repunte generalizado de la inflación.
Esta semana, los mercados permanecerán pendientes de cualquier novedad sobre el conflicto con Irán, especialmente de posibles iniciativas estadounidenses para restablecer el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. Coincidiendo de forma inusual, la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el BCE celebrarán sus reuniones de política monetaria en un intervalo de apenas 24 horas entre el miércoles y el jueves. No se esperan cambios en los tipos de interés, por lo que la atención se centrará en cómo valoran los banqueros centrales las implicaciones del fuerte repunte del petróleo y el consecuente ajuste al alza de las expectativas de tipos. Creemos que los tres bancos centrales optarán por un tono deliberadamente evasivo en esta fase.
EUR
El euro ha caído hasta el nivel de 1,14 dólares, reflejando no solo la expectativa de que el conflicto con Irán se extienda durante varias semanas, sino también la posibilidad de que el estrecho de Ormuz permanezca prácticamente intransitable por más tiempo del anticipado.
Curiosamente, la guerra y el consiguiente repunte del petróleo han generado una de las mayores divergencias de los últimos años entre las cotizaciones de mercado y el consenso de los economistas sobre la senda de tipos de interés. Mientras los operadores descuentan casi dos subidas completas del BCE para lo que resta de 2026, muy pocos estrategas esperan siquiera un solo incremento.
Las comunicaciones del Banco Central Europeo en su reunión del jueves serán especialmente delicadas. Los inversores esperarán que Christine Lagarde aclare cuál de las dos visiones prevalece y concrete la respuesta del BCE ante un nuevo choque alcista en los precios de la energía, en un contexto de crecimiento moderado y datos alemanes persistentemente débiles. Tras las declaraciones sorprendentemente hawkish de varios miembros del Consejo la semana pasada, será clave observar si Lagarde respalda ese tono. Aunque es probable que aborde las implicaciones inflacionistas del conflicto, dudamos que ofrezca una orientación clara hasta que exista mayor visibilidad sobre la duración del enfrentamiento.
USD
La intensa búsqueda de refugio ha permitido al dólar ignorar los débiles datos macroeconómicos publicados en Estados Unidos en las últimas dos semanas. La divisa americana sigue ganando terreno a pesar de que la Fed es prácticamente el único gran banco central del que aún se espera un recorte de tipos este año, en lugar de subidas. Este comportamiento se explica en gran medida porque Estados Unidos es exportador neto de petróleo. Por ello, la reunión de la Fed del miércoles adquiere tanta relevancia como las de sus homólogos. Los mercados están buscando indicios sobre cómo responderán los bancos centrales al conflicto.
Creemos que el presidente Powell intentará transmitir un mensaje de “esperar y ver” por parte del FOMC, aunque podría insinuar que la incertidumbre geopolítica y el alza de los costes energéticos podrían retrasar la senda de recortes en EE.UU. Dado que el repunte del petróleo supone un impulso neto para el crecimiento real del PIB y no genera una inflación excesiva —y teniendo en cuenta el debilitamiento del mercado laboral—, nuestra hipótesis base sigue siendo que la Fed reanudará los recortes a finales de año, aunque Powell evitará comprometerse firmemente en esta reunión.
GBP
La libra esterlina ha resistido mejor que el euro desde el inicio del conflicto con Irán: su depreciación frente al dólar ha sido aproximadamente la mitad. Este mejor comportamiento refleja, por un lado, la menor exposición de la economía británica a los precios internacionales de la energía en comparación con la eurozona y, por otro, las subidas más agresivas en las expectativas de tipos para el Banco de Inglaterra frente al BCE. Los datos de PIB de enero, publicados la semana pasada, decepcionaron (crecimiento plano frente al +0,2% esperado), aunque el mercado apenas reaccionó ante el predominio de las noticias sobre la guerra. Este indicador tiende a ser muy volátil.
La semana que comienza se presenta especialmente relevante para la libra. La reunión del Banco de Inglaterra del jueves acaparará toda la atención, en particular la reacción del MPC ante el fuerte repunte de los precios energéticos y las crecientes expectativas de que el ciclo de recortes ha llegado a su fin. Aunque los swaps ya descuentan una subida de tipos a finales de año, consideramos que es algo prematuro: todavía no está claro si el alza de la energía generará efectos de segunda ronda significativos ni si desanclará las expectativas de inflación. Una serie de datos clave del mercado laboral se publicarán antes de la decisión del jueves.
