El Papa ha deseado una feliz Pascua a los fieles de todo el mundo en diez idiomas y ha convocado una gran vigilia de oración por la paz el próximo sábado 11 de abril en la Plaza de San Pedro
María Rabell GarcíaMaría Rabell García. El anuncio ha tenido lugar durante el tradicional mensaje Urbi et Orbi de este Domingo de Resurrección. León XIV ha recordado a los fieles que la alegría de la Pascua no nace de un optimismo superficial, sino de una victoria que «ha tenido un precio altísimo», marcado por la condena injusta, la tortura y el derramamiento de la sangre de Cristo. Según ha explicado el Papa, el Resucitado no ha regresado a la vida anterior, sino que ha abierto en su propia carne el paso hacia la eternidad, enfrentándose directamente al «dominio del mal» que atenaza a la creación.
Profundizando en la naturaleza de esta fuerza, el Santo Padre ha explicado que el poder de la Resurrección es «totalmente no violenta». La ha comparado con la humildad de un grano de trigo que se deshace en la tierra para brotar como espiga dorada, pero también con la grandeza de «un corazón humano que, herido por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido». Esta es, según sus palabras, la única energía capaz de generar «relaciones respetuosas» entre las naciones y sustituir el interés particular por la búsqueda del bien común. El mensaje ha puesto el dedo en la llaga de la ceguera social. El Papa ha denunciado que la humanidad corre el riesgo de habituarse a la violencia: «Nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes ante la muerte de miles de personas».
Además, ha evocado las últimas palabras pronunciadas por Francisco durante el Domingo de Resurrección del año pasado desde ese mismo balcón, subrayando la persistente «voluntad de muerte» que se observa en los focos de guerra que asolan diferentes partes del globo. Frente al miedo que empuja a muchos a «mirar hacia otro lado», León XIV ha rescatado la enseñanza de San Agustín: «Si el morir te causa espanto, ama la resurrección».
«¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen!». El Pontífice ha puntualizado que la paz que Cristo nos da «no es aquella que se limita a silenciar las armas», sino aquella que «toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros».
Con el objetivo de persistir en esta llamada, ha convocado a todos los fieles el próximo sábado 11 de abril en el Vaticano a una vigilia de oración por la paz. En esta cita se implorará al Señor —el único que «hace nuevas todas las cosas»— para que la humanidad renuncie a la voluntad de dominio y apueste por el encuentro, haciendo oír con fuerza ese grito de paz que «brota del corazón».

