El tren ya no enlaza en Sevilla con la vía de alta velocidad y completa todo el itinerario por la red convencional, como ocurría hace décadas.
En estos momentos es algo mas complicado mientras no se restituya la circulación en el tramo afectado por el accidente de Adamuz, los trenes procedentes de Cádiz llegan a la estación de Chamartín, más alejada del centro que Atocha, final del recorrido desde 1992. Solo circulan dos trenes diarios, uno por sentido, con horarios ajustados y menos opciones para los viajeros habituales. El uso de la vía convencional no solo reduce frecuencias, sino que incrementa la duración del trayecto. Los tiempos oscilan entre las siete y las ocho horas, según el sentido del viaje. Para muchos pasajeros, este regreso forzoso a la lentitud supone una experiencia inesperada que rompe con la inmediatez a la que ha acostumbrado la alta velocidad durante más de tres décadas.
Ese largo recorrido ferroviario recuerda inevitablemente a los tiempos del Talgo Cádiz-Madrid. En 1987, antes de la llegada del AVE, el tren tardaba, sin retrasos, siete horas y 15 minutos en unir ambas ciudades, con parada final en Atocha. Era un viaje asumido con naturalidad, casi ritual, en el que el tiempo se organizaba de otro modo. Durante buena parte del siglo XX, los viajes entre Cádiz y Madrid se realizaron exclusivamente por la red convencional. Trenes expresos y rápidos nocturnos vertebraron la conexión entre la Bahía y la capital en trayectos que podían superar las nueve horas.
La llegada del Talgo supuso una auténtica revolución. El primer servicio Talgo Cádiz-Madrid comenzó a circular en julio de 1965, reduciendo tiempos y elevando notablemente el confort. Sus composiciones articuladas y su tecnología pendular ofrecían mayor estabilidad y suavidad en curvas, convirtiendo el trayecto en una experiencia moderna para la época y en un símbolo de progreso ferroviario. El Talgo representó durante décadas una forma de viajar: asientos amplios, coche, cafetería, conversaciones largas y paisajes que se deslizaban lentamente por la ventanilla. Para Cádiz, aquella conexión era una arteria vital con la capital de España, utilizada por generaciones que medían la distancia en horas de lectura, charla y paciencia ferroviaria.
La llegada de la alta velocidad en los años 90 transformó radicalmente esa relación. El tren se volvió rápido, eficiente y competitivo frente al avión, acortando distancias físicas y simbólicas. Sin embargo, el accidente de Adamuz ha obligado a regresar a los tiempos del Talgo, al menos hasta el próximo 2 de febrero.
