Este dato todavía es demasiado prematuro para alterar la hoja de ruta del BCE y decantar una posible subida de tipos en la reunión del próximo 30 de abril. La clave es la propagación del encarecimiento de la energía al resto de precios de la cesta. La incertidumbre es muy elevada y favorece una actitud de «espera en alerta» por parte del BCE, con los riesgos sesgados hacia alguna subida de tipos, pero a la expectativa de acumular información sobre la propagación del shock energético. Los mercados cotizan subidas de tipos graduales en 2026 (+75 p. b. casi al 100%), pero sin urgencias (la probabilidad de un incremento de 25 p. b. en abril es del 50%).
Dato
La inflación general de la eurozona (IPCA) subió al 2,5% interanual en marzo (+0,6 p. p. respecto a febrero), mientras que la núcleo bajó al 2,3% (–0,1 p. p.).Entre las cuatro grandes economías, la inflación general armonizada aumentó en 0,8 p. p. tanto en Alemania (2,8%) como en Francia (1,9%) y España (3,3%) y se mantuvo en Italia (1,5%).
Valoración
El incremento en la inflación de la eurozona era previsible ante el aumento de los precios energéticos derivado del conflicto en Oriente Próximo (en el promedio de marzo, las referencias del petróleo Brent y el gas TTF se han encarecido cerca de un 40% y un 60%, respectivamente). La magnitud del incremento es 1 décima por debajo de lo previsto por el consenso de Bloomberg, que pronosticaba una inflación general en el 2,6% y una núcleo del 2,4%. En términos intermensuales no desestacionalizados, la inflación fue del 1,2% en la general y del 0,8% en la núcleo, algo por encima y algo por debajo, respectivamente, del promedio histórico de marzo (0,9% la general y 1,1% la núcleo).El desglose por componentes resalta cómo el encarecimiento de la energía espoleó el rebote de la inflación en marzo. Este componente ha pasado de caer un 3% interanual en febrero a subir un 5% interanual en marzo. Dado que su peso en la cesta de precios es de casi el 10%, esto equivale a dejar de restar 0,3 p. p. y pasar a sumar 0,5 p. p. a la inflación general.En cambio, las presiones de precios aflojaron en el resto de las partidas de la cesta. Destacaron particularmente los servicios, que dejaron atrás el rebote de un febrero volátil y volvieron al mínimo de ocho meses registrado en enero con un +3,2% interanual. La inflación también disminuyó entre los bienes industriales no energéticos (0,5%) y en los alimentos, con una moderación tanto en los elaborados (1,7%) como en los no elaborados (4,1%), que deja al conjunto del componente en un 2,4% (mínimo de los últimos cinco meses).Así, el desglose refleja el contraste entre un punto de partida anterior al conflicto en Oriente Próximo favorable para la inflación de la eurozona, muy cerca del 2% y encarando la moderación final de los servicios, y la sacudida provocada por el encarecimiento de la energía.Este dato es demasiado prematuro para alterar la hoja de ruta del BCE y decantar una posible subida de tipos en la reunión del próximo 30 de abril. Con un punto de partida caracterizado por una política monetaria neutral y sin ataduras, una inflación en el objetivo (y las expectativas ancladas en el 2% a medio plazo) y un crecimiento moderado de la demanda, la clave para el BCE es la propagación del encarecimiento de la energía (efecto directo) al resto de precios de la cesta (efectos indirectos) y, en un horizonte más lejano, al equilibrio entre salarios y márgenes (efectos de segunda ronda).Unas de las principales cuestiones para esta propagación son la duración e intensidad del conflicto y los daños estructurales que se generen. En este sentido, la incertidumbre es muy elevada y favorece una actitud de «espera en alerta» por parte del BCE, con los riesgos sesgados hacia alguna subida de tipos pero a la expectativa de acumular información sobre la propagación del shock energético. Además del dato de inflación de marzo, las cotizaciones de los mercados financieros y la propia evolución del conflicto, antes de la próxima reunión del BCE, se conocerán algunas medidas de precios basadas en encuestas (PMI y confianzas de la Comisión Europea de abril y expectativas según encuestas del propio BCE) y el dato de inflación de abril.Con todo ello, los mercados cotizan subidas de tipos graduales en 2026 por parte del BCE, pero sin urgencias: descuentan tres incrementos casi al 100%, que llevan el tipo depo al 2,75% en diciembre de 2026, aunque dudan sobre si el primer aumento sería ya en abril (50% de probabilidad) o en junio. Ello situaría las condiciones monetarias de la eurozona en una frontera entre la banda alta de una política «neutral» y la franja baja de unas condiciones «restrictivas».
