Pero a pesar de esta opacidad, los servicios estadísticos del propio departamento sí manejan, e incluso publican estas cifras. Así, estiman que en 2024 las personas en esta situación alcanzaron una media de 687.884 personas al mes, un 17,62% más que en 2023, un 111% más que antes de la reforma laboral y un 191,3% más que en 2019, el ejercicio previo a la pandemia.
La única referencia con la que se contaba hasta ahora para estimar su número eran los demandantes con relación laboral, que sí se cuantifican cada mes. En 2024 alcanzaron una media de 713.305 demandantes mensuales. La mayoría, pero no todos, son fijos discontinuos, cuyo número exacto permanecía en la oscuridad.
Anuario de Estadísticas Laborales, documento oficial del propio ministerio reconoce como media anual de demandantes a 687.884 trabajadores, que no desglosa, pese a la gran volatilidad laboral de este colectivo ligado a empleos estacionales y temporales. Pero
el Anuario si refleja que el incremento se intensificó en 2023, cuando la media rozó los 585.000 al mes (un 79,95 más). En comparación, el incremento en 2024 es más modesto, del 17,6% hasta los 687.884. Pero refleja una tendencia al alza que contrasta con el efecto reducido que, según Díaz y su equipo, tienen.
De hecho, suponen cuatro de cada diez demandantes no parados, el grupo más numeroso tras los demandantes ocupados (que incluye entre otros a los afectados por ERTE), que sumaron 440.559 personas, su dato más bajo desde 2008 tras dispararse hasta los 2,5 millones en 2020.
Así, los fijos discontinuos añadirían un 26,6% a la cifra de paro registrado, hasta los 3,3 millones. Antes de la pandemia el porcentaje se mantenía en el umbral del 6% y durante la crisis sanitaria no superó al 9%. Eso sí, la cuestión es si todos son inactivos o personas que trabajan pero optan por mantener renovada su demanda.
Los datos del Anuario no resuelven una de las grandes dudas: cuántos son ‘desempleados ocultos’. Y es que los fijos discontinuos no se consideran parados porque tienen una relación laboral vigente, es decir, el contrato no se extingue cuando pasan a la inactividad. Entonces es cuando se apuntan al paro. Pero como la demanda de empleo se renueva cada tres meses pueden concatenar altas y bajas de afiliación en ese tiempo sin que causen baja como inscripción en las oficinas de empleo. Esta ambigüedad vinculada a unos contratos cuya volatilidad efectiva supera a la de los temporales, es a la que se aferra Trabajo para negar un maquillaje en los datos del SEPE.
El único indicador sería el número de fijos discontinuos que cobran una prestación de paro: en cuanto se produce el llamamiento se interrumpe la prestación. Por otro lado, para cobrarla paro hay que haber cotizado lo suficiente, algo más difícil con estos contratos tan volátiles, con lo que muchos fijos discontinuos inactivos se mantienen inscritos para generar derechos para otras ayudas, como los subsidios.
En 2024, según los registros del SEPE, una media de 127.276 de beneficiarios de prestación eran fijos discontinuos en inactividad, un 18,5% de los inscritos. En 2021 eran 96.553, un 30,5%, aunque como hemos visto, estos datos están sesgados por el refuerzo extraordinario en su protección social durante la pandemia. En 2019, apenas llegaron a 57.587, pero era un 24,9% del total. Esto implica que, aunque hay más fijos discontinuos inscritos, se ha producido un empeoramiento de su protección social durante los periodos de inactividad, seguramente porque el uso de esos contratos ahora se extiende a actividades eventuales con mayor rotación que los empleos en sectores estacionales como el turismo, en los que antes se enfocaban.