El barril de Brent sube más de un 8% y se sitúa en 116,70 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) avanza un 1%, hasta los 97,37 dólares.
La tensión ha aumentado aún más tras las declaraciones de Trump advertiendo de que, si Irán continúa atacando instalaciones energéticas en Qatar, Estados Unidos «hará volar por completo todo el yacimiento de gas South Pars», al tiempo que ha negado que Washington tuviera conocimiento previo del ataque israelí. Los ataques han intensificado el temor a interrupciones en el suministro en una región clave para el mercado energético global. El tráfico de petroleros por el estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una quinta parte del crudo mundial— se ha reducido drásticamente desde el inicio del conflicto, en un entorno en el que el paso se encuentra prácticamente cerrado al tráfico comercial.
Los expertos coinciden en que la situación sigue deteriorándose. Ipek Ozkardeskaya, analista senior de Swissquote, señala que, el mercado se ha puesto patas arriba. La guerra está escalando en lugar de mostrar señales de relajación, y los riesgos en el precio del petróleo siguen sesgados al alza. En este contexto, la incertidumbre es máxima. Como resume la propia analista, «nadie sabe» cuál será el impacto final del conflicto ni hasta dónde pueden llegar los precios de la energía en un escenario de guerra prolongada.
