Sin embargo, si usted le pregunta a ministros y similares al respecto todos dicen que están negociando y en meses o e semanas habrá presupuestos Todo mentira y especulación política para ganar un día mas,
Y es que analizando la situación y tratando de encontrar una respuesta clara se llega a la conclusión de que esta forma de actuar tiene mucho que ver con la pura supervivencia política y el clima de inestabilidad parlamentaria que domina esta legislatura.
El Ejecutivo, consciente de la fragilidad de sus apoyos y de la imposibilidad de sacar adelante unas nuevas cuentas públicas, opta por maniobrar en los márgenes del BOE y evitar así una derrota parlamentaria que podría precipitar el final del mandato. Al omitir cualquier referencia explícita al año 2026 y refugiarse en fórmulas genéricas, el Gobierno gana tiempo y evita enfrentarse a la realidad de una mayoría imposible.
Esta situación no es nueva en la política española, pero se ha agudizado en los últimos años. El Gobierno, ante la dificultad de negociar con una oposición fragmentada y unos socios parlamentarios con exigencias muy dispares, recurre a la prórroga automática de los Presupuestos Generales del Estado, una herramienta legal pero que evidencia la falta de consenso y capacidad de diálogo. Además, la presión de los mercados internacionales y de la Unión Europea obliga a mantener cierta apariencia de estabilidad fiscal, aunque sea a costa de retrasar reformas estructurales o inversiones clave.
En ese contexto, su estrategia de prórrogas y decretos refleja una gestión a corto plazo, donde lo importante ya no es tanto ofrecer un horizonte de estabilidad presupuestaria, sino resistir semana a semana. La ciudadanía, mientras tanto, asiste a una suerte de juego de espejos en el que se prometen Presupuestos que jamás llegan y se publican normas que, sin decirlo abiertamente, admiten la incapacidad de pactar algo tan elemental como las cuentas del Estado. Esta dinámica afecta directamente a sectores dependientes de nuevas inversiones públicas, como la sanidad, la educación o las infraestructuras, que ven cómo sus proyectos quedan paralizados o pospuestos por la falta de acuerdo político.
En el fondo, el Gobierno no juega solo con los Presupuestos, sino también con las expectativas y la confianza de los ciudadanos, que ven cómo la política se convierte en un ejercicio de escapismo y supervivencia más que en una herramienta de transformación y consenso. A largo plazo, esta falta de previsibilidad y transparencia puede erosionar aún más la confianza en las instituciones y aumentar la desafección ciudadana, alimentando la percepción de que la política está más centrada en la táctica que en el interés general.
