Sin embargo, se está generando cierto escepticismo respecto a las valoraciones actuales del mercado. En primer lugar, el panorama económico indica que las crisis energéticas actuales representan una «crisis de oferta», a la que los bancos centrales no suelen contrarrestar con medidas restrictivas. Además, aunque se reconocen los riesgos relacionados con el aumento de los precios de la energía, el contexto macroeconómico global parece hoy profundamente diferente al de 2022, sobre todo a la luz de la debilidad de los mercados laborales.
Otro elemento a tener en cuenta es la diferente exposición a la crisis del petróleo procedente de Oriente Medio, lo que sugiere respuestas desiguales por parte de las autoridades monetarias, con Estados Unidos y Canadá relativamente menos expuestos.
La crisis del petróleo responde a un shock de oferta, un escenario en el que los bancos centrales históricamente no reaccionan con subidas de tipos.
• El mercado podría estar sobrerreaccionando al descontar políticas monetarias más restrictivas, en un contexto macro muy distinto al de 2022.
• La debilidad de los mercados laborales y el impacto del encarecimiento energético apuntan más a menor crecimiento que a una inflación persistente.
• La exposición desigual al petróleo de Oriente Medio anticipa respuestas divergentes entre bancos centrales, con EE. UU. y Canadá relativamente menos afectados.
• En economías con tipos ya restrictivos, como EE. UU. o Reino Unido, un shock energético prolongado podría acelerar recortes de tipos en lugar de nuevas subidas.
• Las tensiones en renta fija derivadas del petróleo pueden generar oportunidades para inversores que cuestionen el consenso actual del mercado.
A esto se suma el hecho de que las reacciones de los bancos centrales dependerán también de la orientación actual de la política monetaria: en el caso de la Reserva Federal y del Banco de Inglaterra, cuyos tipos se mantienen en territorio restrictivo, es plausible que un aumento prolongado de los precios de la energía acabe frenando el crecimiento más que alimentando la inflación, favoreciendo así una mayor probabilidad de recortes de tipos en lugar de nuevas subidas.
En conclusión, cualquier turbulencia en los mercados de renta fija globales relacionada con la evolución del petróleo podría abrir oportunidades interesantes para los inversores más atentos y con una visión divergente respecto a la ya incorporada en los precios. Ante una perturbación por el lado de la oferta, no parece justificado esperar un endurecimiento de la política monetaria, teniendo en cuenta además que en 2026 el contexto económico mundial será significativamente diferente al observado en 2022.
