Sin embargo, para hacerlo, la Unión Europea debe apoyarse en su unidad interna, su peso económico y su compromiso con el multilateralismo. La primer arma de Europa es la cohesión: solo una Europa unida podrá negociar de tú a tú con Estados Unidos y defender sus intereses comunes. Y ese es uno de los primeros retos a los que los veintisiete deben de hacer frente.
Por lo que se refiere a los argumentos, , Europa debe apostar por la defensa de los valores democráticos, el respeto al derecho internacional y la lucha contra el cambio climático, ámbitos en los que suele diferir de las posturas de Trump. Además, la UE puede utilizar su fortaleza comercial y regulatoria para negociar acuerdos equilibrados, así como reforzar su autonomía estratégica en defensa, tecnología y energía.
Por otra parte, el diálogo y la diplomacia deben ser herramientas fundamentales, mostrando que la cooperación internacional es más beneficiosa que el unilateralismo. De este modo, Europa podrá posicionarse como un actor global relevante, capaz de defender sus principios y sus intereses frente a líderes con una visión más aislacionista.
Por otra parte, ante un posible nuevo mandato de Donald Trump en Estados Unidos, Europa debería reforzar varias «armas» diplomáticas y estratégicas. Entre ellas destacan la unidad interna de la Unión Europea, el fortalecimiento de las capacidades de defensa europeas y la diversificación de alianzas económicas y políticas fuera del ámbito estadounidense. Además, sería clave impulsar la autonomía energética y tecnológica, y prepararse para negociar desde una posición de firmeza pero también de pragmatismo.
Es decir, la mejor estrategia para Europa sería anticiparse a posibles cambios en la política exterior estadounidense, manteniendo la cohesión y defendiendo sus intereses comunes en el escenario internacional.
Si todo ello no es posible. debemos analizar las opciones de un enfrentamiento. Y en ese terreno, todo apunta a que la posibilidad de que Europa y Donald Trump, como representante de Estados Unidos, lleguen a un enfrentamiento armado directo es baja, aunque existen tensiones políticas y económicas y una verborrea insufrible por parte del mandatario estadounidense. Las diferencias suelen centrarse en temas como la defensa, el comercio y la política internacional, pero ambos actores han mostrado preferencia por la diplomacia y la presión económica antes que por el uso de la fuerza militar directa.
Un enfrentamiento armado podría producirse si ocurriera una escalada significativa en alguna crisis internacional, como una disputa en Europa del Este o un conflicto relacionado con la OTAN. Sin embargo, para que esto suceda, deberían romperse los mecanismos diplomáticos y de seguridad existentes, lo cual no parece probable en el corto plazo.
Por tanto fijar plazos o dar fechas de un posible enfrentamiento es imposible ya que dependería de múltiples factores geopolíticos y decisiones de ambos lados que hoy por hoy son inimaginables.

