En efecto, España contrajo un déficit comercial con China de 32.242 millones de euros en 2025, según la estadística difundida este viernes por Eurostat. Aunque este dato infravalora el desequilibrio en el comercio entre ambos países con respecto a las cifras recopiladas por el Ministerio de Economía —que lo elevan 10.000 millones—, la serie publicada por la institución europea permite observar cómo esta diferencia entre lo importado y lo exportado con el gigante asiático casi se ha duplicado desde 2018, con un crecimiento del 98%.
En el último año, las importaciones de empresas españolas a proveedores chinos ascendieron a 40.214 millones de euros, mientras que España solo consiguió vender 7.972 millones a este mercado. En comparación, en 2018 la principal economía exportadora del mundo colocó en nuestro país productos y servicios por valor de 22.579 millones, mientras que solo importó lo equivalente a 6.277 millones, resultando en una balanza negativa de 16.301 millones. En este periodo, tanto la exportación como la importación se han disparado, pero de una forma mucho más ventajosa para Pekín.
Comparándola con la relación con Estados Unidos, España tiene un déficit comercial significativo —pero inferior al asiático— con el titán americano: 13.458 millones al año, según los datos del Ministerio, a pesar de haberse disparado este parámetro un 34% en el último año, principalmente como consecuencia de los aranceles impuestos por Washington. Aunque las exportaciones a EEUU superan con creces las destinadas a China, el Gobierno da un peso creciente al Reino del centro en su estrategia de comercio en paralelo al acercamiento diplomático con Pekín, mientras que el presidente Pedro Sánchez ha optado por confrontar con su homólogo Donald Trump.
Pekín anunció el pasado jueves una nueva estrategia comercial que sitúa a España como socio prioritario. El programa del Ministerio de Comercio del país asiático promete fomentar la entrada de productos extranjeros en su mercado, iniciativa que presuntamente también beneficiaría a naciones como Reino Unido, Kazajistán, Kenia o Tailandia. Previamente, la prensa afín al régimen comunista ya aplaudió la «pragmática» relación económica con nuestro país, donde se han cuadruplicado las inversiones de origen chino en solo un año.
